Los precios de gasolina permanecen 16 % por encima de su nivel previo
En el espacio de dos meses, América Latina y el Caribe vieron triplicarse su inflación energética, pasando de una calma casi absoluta a una presión del 6,41% impulsada por el conflicto en Oriente Medio. La región, estructuralmente dependiente de los mercados internacionales de crudo, experimenta en sus surtidores y facturas lo que ocurre a miles de kilómetros de distancia. Este episodio recuerda, una vez más, que en una economía global interconectada, la paz o la guerra en un estrecho lejano se convierte en el precio que paga el consumidor en Buenos Aires, Ciudad de México o Bogotá.
- La inflación energética se triplicó en apenas dos meses —de 2,12% en marzo a 6,41% en mayo— sacudiendo una región que venía de sus niveles de presión más bajos en años.
- La gasolina permanece un 16% por encima de sus precios previos al conflicto y el diésel un 13% más alto, con una rigidez a la baja que castiga de forma persistente a consumidores y empresas.
- El memorando de entendimiento firmado entre Estados Unidos e Irán el 17 de junio generó esperanza momentánea, pero los ataques reanudados en la región mantienen los mercados petroleros en vilo.
- La inflación general de la región ha permanecido relativamente estable, lo que sugiere que el choque energético aún no se ha propagado al conjunto de la economía, aunque el riesgo de contagio persiste.
En apenas tres meses, la inflación energética en América Latina y el Caribe pasó de 2,12% a 6,41%, triplicándose según datos de la Organización Latinoamericana y Caribeña de la Energía (Olacde). El salto resulta especialmente brusco porque llega después de un período de notable calma: para febrero de 2026, las presiones energéticas habían caído a sus mínimos del ciclo analizado, rozando el cero. Ese contexto de estabilidad previa amplifica el golpe: cuando los precios llevan meses quietos, un alza de casi cuatro puntos porcentuales en dos meses se siente con fuerza desproporcionada en los bolsillos de los consumidores y en los costos operativos de las empresas.
La causa señalada por la Olacde es directa: la región es extraordinariamente sensible a las tensiones geopolíticas y a las fluctuaciones del crudo internacional. El conflicto en Oriente Medio no es un evento distante para América Latina; se traduce de inmediato en mayores costos de importación, refinación y distribución de combustibles. La gasolina se mantiene 16% por encima de sus niveles previos a la escalada del conflicto, mientras el diésel acumula una diferencia del 13%, con apenas una ligera corrección reciente. Esa asimetría —los precios suben rápido en las crisis y bajan lentamente cuando ceden— es un rasgo estructural del mercado de combustibles.
El panorama geopolítico sigue siendo incierto. El memorando de entendimiento firmado el 17 de junio entre Estados Unidos e Irán para poner fin a las hostilidades y desbloquear el estrecho de Ormuz pareció abrir una ventana de alivio, pero los ataques reanudados en los días posteriores devolvieron la tensión a los mercados. Mientras persista esa volatilidad, los precios internos de energía en América Latina seguirán expuestos a los movimientos globales. Por ahora, la inflación general de la región se ha mantenido dentro de rangos más estables, amortiguada por la amplitud de la canasta de bienes y servicios, pero el riesgo de que el choque energético se propague al resto de la economía permanece latente.
En apenas tres meses, la presión inflacionaria sobre la energía en América Latina y el Caribe se multiplicó por tres. Lo que en marzo representaba una inflación energética interanual de 2,12 % se convirtió en 6,41 % para mayo, según datos de la Organización Latinoamericana y Caribeña de la Energía (Olacde). El salto no es accidental: responde directamente a la escalada de tensiones en Oriente Medio y sus efectos en cascada sobre los mercados internacionales de petróleo y combustibles.
Lo que hace este repunte particularmente abrupto es el contexto que lo precede. Durante la mayor parte de 2025, la inflación energética se mantuvo en una trayectoria moderada, sin sobresaltos que alteraran una tendencia general de desaceleración. Para febrero de 2026, las presiones inflacionarias provenientes de la energía habían caído a sus niveles más bajos en el período analizado, rozando prácticamente el cero. Esa calma relativa es precisamente lo que amplifica el impacto del repunte posterior. Cuando los precios llevan meses estables o bajando, un salto de casi cuatro puntos porcentuales en apenas dos meses se siente con mayor intensidad en los bolsillos de los consumidores y en los balances de las empresas.
La Olacde es clara sobre la causa: la región es extraordinariamente sensible a las tensiones geopolíticas, a los riesgos de suministro y a las fluctuaciones en los precios internacionales del crudo. El conflicto en Oriente Medio no es un evento lejano para América Latina. Se traduce inmediatamente en presión sobre los costos de importación, refinación, transporte y comercialización de combustibles. Los precios al consumidor final permanecen ahora significativamente por encima de donde estaban antes de que escalara la crisis regional.
Los números son concretos. La gasolina se mantiene 16 % por encima de su nivel de referencia previo al conflicto, mostrando una resistencia notable a la baja. El diésel registra una diferencia del 13 % al alza, aunque ha experimentado una ligera corrección en las últimas semanas. Esa rigidez a la baja en los precios de los combustibles es característica: suben rápido cuando hay crisis, bajan lentamente cuando la crisis cede.
Interesantemente, la inflación total interanual en la región ha mostrado una trayectoria más estable durante el mismo período. Los cambios se han mantenido dentro de un rango relativamente acotado, con un impacto más gradual y parcial. La razón es estructural: aunque los precios de la energía afectan el transporte, la logística y los costos de producción en toda la economía, el índice general de precios considera una canasta amplia de bienes y servicios. Esa diversidad amortigua parcialmente los choques concentrados en sectores específicos como la energía. Dicho de otro modo, la inflación energética es real y aguda, pero no ha contaminado aún el resto de la economía de manera generalizada.
El panorama geopolítico sigue siendo volátil. Estados Unidos e Irán firmaron un memorando de entendimiento el 17 de junio para poner fin a la guerra, desbloquear el estrecho de Ormuz e iniciar negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Parecía un punto de inflexión. Sin embargo, en los días posteriores volvieron los ataques en Oriente Medio. Esa volatilidad es exactamente lo que mantiene a los mercados de petróleo en tensión y, por extensión, a los precios de la energía en América Latina bajo presión continua. Mientras persistan las incertidumbres geopolíticas, la región debe esperar que sus precios internos de energía sigan siendo vulnerables a los movimientos en los mercados globales.
Citações Notáveis
La alta sensibilidad en los precios internos de la energía a las tensiones geopolíticas, los riesgos de suministro, y las variaciones en los precios internacionales del petróleo— Organización Latinoamericana y Caribeña de la Energía (Olacde)
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué un aumento de 4 puntos porcentuales en la inflación energética es tan significativo si la inflación total apenas se mueve?
Porque la energía es un insumo fundamental. Afecta el costo de transportar todo, de producir todo. Pero cuando miras el índice general, ese shock se diluye entre miles de otros precios. Es como si la fiebre fuera muy alta en una parte del cuerpo, pero el termómetro general apenas sube.
¿Entonces los consumidores sienten más de lo que dicen los números?
Exactamente. Cuando llenas el tanque de gasolina o pagas la factura de electricidad, ves el 16 % de aumento. Pero ese costo se distribuye después en todo lo que compras. El impacto es real, pero menos visible en el agregado.
¿Qué explica que la inflación energética haya estado tan baja en febrero?
Un período de calma geopolítica relativa y precios de petróleo moderados. La región había tenido meses de estabilidad. Eso es lo que hace el salto posterior tan abrupto: no es que los precios subieran mucho en términos absolutos, es que subieron muchísimo en términos relativos a donde habían estado.
¿Hay alguna razón para pensar que esto se estabilizará pronto?
No hay señales claras. El acuerdo entre Estados Unidos e Irán en junio parecía prometedor, pero los ataques volvieron días después. Mientras Oriente Medio siga siendo inestable, los mercados de petróleo seguirán siendo volátiles, y eso se transmite directamente a los precios que pagan los latinoamericanos.
¿Qué diferencia hay entre la gasolina y el diésel en términos de rigidez de precios?
Ambos están por encima de sus niveles previos al conflicto, pero la gasolina está más arriba: 16 % versus 13 %. Ambos suben rápido en crisis, pero bajan lentamente después. Es la naturaleza de los mercados de combustibles.