En un momento en que la geopolítica parecía dictar el ritmo de los mercados, la inflación ha emergido como una amenaza de igual peso en la conciencia de los gestores financieros españoles. El conflicto entre Estados Unidos e Irán mantiene el petróleo por encima de los 100 dólares, empujando los precios al consumidor hasta niveles que no se veían desde hace años y obligando a los bancos centrales a responder con subidas de tipos que, a su vez, amenazan el crecimiento. La pregunta que subyace no es si la economía resiste el golpe inicial, sino si podrá sostenerlo cuando el encarecimiento energét
La inflación descontrolada iguala a los riesgos geopolíticos como principal amenaza para mercados
La inflación empieza a inquietar más que la propia inestabilidad geopolítica
¿Por qué ahora la inflación rivaliza con los riesgos geopolíticos si ambos están conectados? ¿No debería ser lo mismo?
Están conectados, sí, pero el mercado está empezando a ver la inflación como el problema más inmediato. La guerra es la causa, pero la inflación es lo que toca el bolsillo de los trabajadores y de las empresas cada día.
Aunque hay que notar que el BCE solo contempló ese escenario del 6%, no lo predice. Es un escenario, no una previsión.
¿Qué es lo que más asusta a estos gestores? ¿El encarecimiento en sí o lo que podría pasar después?
Lo que asusta es la espiral. Si los trabajadores piden aumentos salariales para recuperar poder adquisitivo, las empresas suben precios, y volvemos a empezar. El BCE quedaría atrapado.
Pero eso solo ocurre si hay pleno empleo y poder de negociación real de los trabajadores. En algunos países europeos eso no es cierto.
¿Y si los bancos centrales suben demasiado los tipos? ¿Qué pasa entonces?
Que dañan una economía que todavía aguanta. Los beneficios empresariales son lo que mantiene las bolsas a flote ahora. Si encarecen el crédito, esos beneficios caen.
Aunque la OCDE sigue siendo optimista sobre el crecimiento español. Eso sugiere que no todos ven un colapso inminente.
¿Cuándo sabremos si esto funciona o si la economía se quiebra?
Cuando el shock energético termine de trasladarse a los precios finales. Eso tarda semanas o meses. Ahora estamos en la calma antes de la tormenta.
O en la tormenta que la economía está absorbiendo mejor de lo que se temía. No sabemos cuál es.
El Pulso
- El petróleo supera los 100 dólares por barril mientras el estrecho de Ormuz opera mermado y EE.UU. e Irán no alcanzan ningún acuerdo, convirtiendo la energía en el detonador de una inflación que ya roza el 4,3% en España.
- El BCE contempla un escenario donde la inflación de la eurozona podría acercarse al 6% antes de que acabe el año, una cifra que alarma a los mercados y presiona a los hogares que ya ven cómo la vivienda y los alquileres se alejan de sus salarios.
- El riesgo de una espiral de precios y salarios acecha: si los trabajadores exigen recuperar poder adquisitivo en un mercado laboral tenso, las empresas trasladarán esos costes a los precios y el ciclo se retroalimentará.
- Siete de cada diez gestores encuestados esperan nuevas subidas de tipos tanto del BCE como de la Fed, lo que encarece la financiación y pone en jaque los beneficios empresariales que hoy sostienen las bolsas.
- La economía española resiste mejor de lo previsto —la OCDE eleva su estimación de crecimiento al 2,6%— pero la gran incógnita es cuánto tiempo más podrá aguantar si el shock energético se prolonga.
En un momento en que la geopolítica parecía dictar el ritmo de los mercados, la inflación ha emergido como una amenaza de igual peso en la conciencia de los gestores financieros españoles. El conflicto entre Estados Unidos e Irán mantiene el petróleo por encima de los 100 dólares, empujando los precios al consumidor hasta niveles que no se veían desde hace años y obligando a los bancos centrales a responder con subidas de tipos que, a su vez, amenazan el crecimiento. La pregunta que subyace no es si la economía resiste el golpe inicial, sino si podrá sostenerlo cuando el encarecimiento energético termine de filtrarse a todos los rincones de la vida cotidiana.
Los gestores de fondos y bancos privados españoles han llegado a un punto de inflexión: por primera vez, según la 54ª Encuesta de Sentimiento de Mercado de ElConfidencial, la inflación rivaliza con la inestabilidad geopolítica como principal amenaza económica. Veinticinco profesionales del sector participaron en el sondeo, y el cambio en sus prioridades refleja una realidad que se complica semana a semana.
El motor de este malestar es el conflicto entre Estados Unidos e Irán. El estrecho de Ormuz no opera a pleno rendimiento, no hay acuerdo a la vista, y el petróleo se mantiene en máximos desde 2022. Ese shock energético ha elevado la inflación de la eurozona al 3,3% y la de España al 4,3% en agosto. Lo que inquieta a los analistas no es solo el precio del barril hoy, sino el efecto retardado: los costes de producción tardan en trasladarse a los precios finales, y cuando las empresas terminen de ajustar sus márgenes, el impacto real se hará visible. El BCE llegó a contemplar un escenario donde la inflación rozaría el 6% antes de que acabe el año.
Sobre la presión energética se superpone el problema de la vivienda y los alquileres, que siguen subiendo mientras los salarios se quedan atrás. El verdadero temor del BCE no es que los trabajadores recuperen poder adquisitivo, sino que lo hagan de golpe y desaten una espiral de precios y salarios que obligue al banco central a mantener tipos elevados durante más tiempo del deseado.
Esa posibilidad ya está en marcha: siete de cada diez encuestados prevén nuevas subidas de tipos tanto del BCE como de la Fed, esta última desafiando las preferencias del presidente Trump. El endurecimiento monetario encarece la financiación en un año en que los beneficios empresariales son el principal sostén de las bolsas. La OCDE mantiene una previsión de crecimiento del 2,6% para España, cuatro décimas por encima de su estimación anterior, pero la pregunta sin respuesta sigue siendo la misma: cuánto tiempo más podrá resistir la economía si la guerra se prolonga y el shock energético termina de filtrarse a todos los precios.
Los gestores de fondos y bancos privados españoles están viendo cómo la inflación se ha convertido en una amenaza tan inmediata como los conflictos geopolíticos que la alimentan. Por primera vez, según la 54ª Encuesta de Sentimiento de Mercado de ElConfidencial, la preocupación por el encarecimiento de la vida empatiza con el miedo a la inestabilidad internacional. Veinticinco profesionales del sector financiero participaron en el sondeo, y el cambio en sus prioridades refleja una realidad económica que se vuelve más compleja cada semana.
La guerra entre Estados Unidos e Irán sigue presionando sin tregua los precios de la energía. El estrecho de Ormuz no opera a pleno rendimiento, Trump y Teherán no han alcanzado acuerdo alguno, y el petróleo se mantiene por encima de los 100 dólares, en máximos desde 2022. Este shock energético ha empujado la inflación de la eurozona hasta el 3,3% y la de España hasta el 4,3% en agosto. La inflación subyacente española, que excluye energía y alimentos frescos, se situó en el 2,9%, una brecha que muestra cuánto peso tiene el componente energético en el repunte actual.
Lo que preocupa a los analistas no es solo el precio del barril hoy, sino lo que sucederá cuando ese encarecimiento de la energía termine de trasladarse al resto de bienes y servicios. La economía resiste mejor de lo esperado el golpe inicial, pero los costes de producción tardan en incorporarse a los precios finales. Cuando las empresas terminen de ajustar sus márgenes, el impacto real se hará visible. El Banco Central Europeo incluso contempló un escenario donde la inflación rozaría el 6% antes de que termine el año.
Sobre esta presión energética se superpone otro problema que golpea directamente a los hogares: la vivienda y los alquileres siguen subiendo mientras los salarios se quedan atrás. Aquí aparece el dilema del BCE. Si los trabajadores, especialmente en un contexto de pleno empleo en buena parte de Europa, comienzan a reclamar aumentos salariales significativos para recuperar poder adquisitivo, podría iniciarse una espiral de precios y salarios. Las empresas enfrentarían mayores costes laborales, los trasladarían a los precios, y los trabajadores volverían a reclamar más. El banco central no teme que los salarios recuperen terreno, sino que hacerlo de golpe mantenga viva la inflación y lo obligue a mantener tipos elevados durante más tiempo.
Frente a este escenario, los bancos centrales han endurecido su política monetaria. La Reserva Federal también ha movido ficha en su última reunión, desafiando las peticiones del presidente Trump, quien prefiere una política de tipos más laxa. Siete de cada diez encuestados prevén que tanto el BCE como la Fed volverán a subir los tipos en sus próximas reuniones, aunque la mayoría cree que solo habrá una subida adicional antes de que termine 2026. Dos gestores contemplan incluso dos nuevos incrementos.
El temor es que ese endurecimiento monetario encarezca demasiado los costes de financiación en un año donde los beneficios empresariales son lo que mantiene a flote las bolsas, especialmente en España. La OCDE estima que la inflación española podría rozar el 4%, pero mantiene una previsión de crecimiento del 2,6% para el país este año, cuatro décimas por encima de su estimación anterior. La economía sigue resistiendo, pero la gran incógnita permanece sin respuesta: cuánto tiempo más podrá aguantar si la guerra se prolonga y el shock energético termina trasladándose por completo a los precios.
Citas Notables
El encarecimiento de la vida gana posiciones entre las principales amenazas sobre las perspectivas macro y de mercados— Encuesta de Sentimiento de Mercado de ElConfidencial