En el umbral de una decisión histórica, Japón reveló que su inflación se desaceleró a 1.7% en agosto, rozando pero sin alcanzar el objetivo del 2% que el Banco de Japón ha perseguido durante años. El dato, influido en parte por subsidios gubernamentales a la gasolina y la electricidad, llegó horas antes de que el banco central se reuniera para considerar una subida de tasas que podría ser la más alta en más de tres décadas. En la economía japonesa, donde las tasas cercanas a cero han sido la norma por generaciones, cada décima de punto carga el peso de una era entera.