América Latina ha superado la primera frontera de la inclusión financiera —abrir cuentas y conectar a los desconectados— y se adentra ahora en un territorio más exigente: convertir ese acceso inicial en relaciones financieras duraderas y rentables. En México, donde entre el 40% y el 50% de la población aún permanece fuera del sistema, la paradoja es elocuente: una banca que genera retornos del doble que los mercados desarrollados coexiste con millones de personas invisibles para el crédito. La industria reconoce que la respuesta no está en bajar estándares, sino en usar inteligencia artificial