En el teatro europeo donde los sueños se miden en probabilidades, la Real Sociedad inauguró su Europa League con una derrota ante el Bournemouth que los algoritmos ya anticipaban: apenas un 0,1% de posibilidades de alzar el trofeo. El experimento táctico de Matarazzo con tres centrales no resistió la intensidad física del fútbol inglés, y Anoeta, con sus gradas más vacías de lo esperado, pareció reflejar una apatía que va más allá del marcador. Lo que queda ahora es la pregunta que siempre persigue a los equipos en crisis: ¿cuánto tiempo hay antes de que la herida se haga demasiado profunda?