La IA revela que dos escribas diferentes escribieron el Gran Rollo de Isaías

Finalmente pudiéramos estrecharles la mano a través de su letra
El investigador principal reflexiona sobre cómo la tecnología permite conectar con escribas anónimos de hace dos mil años.
Mark

¿Cómo es posible que la inteligencia artificial pueda distinguir entre dos escribas cuando sus estilos son tan similares que los expertos humanos no podían verlo?

Mimi

La IA no se basa en la impresión general. Analiza miles de características individuales de cada letra: la curvatura, la presión, los ángulos. Puede procesar patrones que están distribuidos a lo largo de miles de caracteres, algo que sería imposible para una persona hacer manualmente.

Luke

Pero espera. El estudio dice que los dos escribas compartían un estilo muy similar. ¿Eso significa que la IA realmente identificó diferencias claras, o simplemente encontró variaciones estadísticas que podrían ser normales dentro del trabajo de una sola persona?

Mark

Buena pregunta. ¿Qué tan confiable es este resultado? ¿Otros expertos lo han verificado?

Mimi

El estudio fue publicado en PLOS ONE, una revista científica revisada por pares. Los investigadores de Groningen entrenaron específicamente el algoritmo para aislar y comparar caracteres individuales. El hecho de que encontraran que cada mitad del rollo tenía características distintivas sugiere que la metodología funcionó.

Luke

Pero el artículo no menciona si otros paleógrafos han revisado independientemente estos hallazgos o si han intentado replicar el análisis. Tampoco sabemos cuán diferentes tenían que ser los patrones para que el algoritmo los clasificara como "dos escribas diferentes". ¿Cuál es el margen de error?

Mark

¿Y qué nos dice esto sobre estos dos escribas? ¿Qué aprendemos de ellos?

Mimi

Lo fascinante es que compartían una formación común u origen similar. Eso sugiere que no eran escribas independientes que simplemente trabajaban en el mismo proyecto. Probablemente fueron entrenados juntos, trabajaban dentro de la misma tradición, tal vez incluso en el mismo scriptorium. Eso abre preguntas sobre cómo se organizaba el trabajo de copia en Qumrán.

Luke

Pero eso es inferencia, ¿verdad? El estudio demuestra que compartían un estilo similar. La conclusión de que tenían formación común es razonable, pero no está directamente probada por el análisis de escritura. Podrían haber aprendido de fuentes diferentes y simplemente haber convergido en un estilo similar.

Mark

¿Cuál es el siguiente paso? ¿Esto cambia cómo estudiamos estos manuscritos?

Mimi

Ahora pueden aplicar esta metodología a otros pergaminos. Podrían mapear redes de escribas, identificar quién escribió qué, entender cómo se organizaba la producción de estos textos. Es como tener una firma digital de cada escriba.

Luke

Siempre que el método sea reproducible y que otros investigadores puedan verificar los resultados. El artículo menciona que planean investigar otros pergaminos, pero no sabemos aún si esta técnica funcionará igual de bien con textos donde los estilos sean más diferentes, o si hay limitaciones que no se han explorado todavía.

  • Durante décadas, la pregunta de cuántos escribas redactaron el Gran Rollo de Isaías permaneció sin respuesta, atrapada entre la uniformidad aparente de su letra y la ausencia de firmas.
  • La inteligencia artificial rompió ese impasse al analizar miles de caracteres individuales con una precisión que ningún ojo humano podría sostener, detectando variaciones imperceptibles en curvatura, presión y trazo.
  • El hallazgo no solo confirmó dos autores distintos, sino que reveló algo más perturbador: ambos escribas compartían un estilo tan similar que debieron formarse juntos, sugiriendo redes de conocimiento organizadas en Qumrán.
  • El investigador principal admitió que sus nombres se perderán para siempre, pero que por primera vez en setenta años de estudio es posible, metafóricamente, estrecharles la mano a través de su escritura.
  • El equipo de Groningen planea extender esta metodología a otros pergaminos de la colección, convirtiendo cada análisis en una posible revelación sobre las comunidades humanas que preservaron estos textos.

En las cuevas del Mar Muerto duermen preguntas que tienen dos mil años. Investigadores de la Universidad de Groningen han empleado inteligencia artificial para responder una de ellas: el Gran Rollo de Isaías, el más venerado de los Manuscritos del Mar Muerto, fue escrito por dos manos distintas que compartían una formación común, dos escribas anónimos cuya colaboración quedó cifrada en la curvatura de cada trazo. La tecnología ha hecho lo que siglos de estudio no pudieron: devolver una presencia humana a quienes copiaron las palabras que moldearían civilizaciones.

A finales del siglo XX, once cuevas cercanas al Mar Muerto entregaron al mundo más de novecientos manuscritos fragmentados, algunos con dos mil años de antigüedad. Entre ellos destacaba el Gran Rollo de Isaías, el texto bíblico mejor conservado de todos. Durante décadas, los estudiosos se preguntaron cuántas manos lo habían escrito, pero la letra parecía tan uniforme que la pregunta quedaba sin respuesta definitiva.

Investigadores de la Universidad de Groningen decidieron entrenar algoritmos de inteligencia artificial para hacer lo que el ojo humano no podía: comparar cada uno de los miles de caracteres del manuscrito, analizando no solo la forma de las letras sino también la curvatura de las líneas, la presión del trazo y variaciones casi invisibles. El resultado fue concluyente: dos escribas distintos habían redactado el documento, cada uno responsable de aproximadamente la mitad del texto.

Lo más revelador, sin embargo, fue que ambos compartían un estilo notablemente similar, lo que sugiere una formación común o un mismo origen. No eran copistas al azar, sino profesionales que probablemente se conocían y trabajaban dentro de la misma tradición. El estudio, publicado en PLOS ONE, abrió una ventana hacia conexiones humanas ocultas durante dos milenios.

Mladen Popovic, autor principal, reconoció que sus nombres jamás serán conocidos, pero que por primera vez es posible sentir su presencia a través de su letra. Con esta metodología validada, el equipo planea analizar otros pergaminos de la colección, buscando reconstruir las redes de conocimiento que existieron en el antiguo mundo de Qumrán.

A finales del siglo XX, arqueólogos descubrieron en once cuevas cercanas al Mar Muerto una colección que cambiaría para siempre nuestra comprensión de los textos antiguos: más de novecientos manuscritos fragmentados, algunos de ellos con dos mil años de antigüedad. Entre esos pergaminos estaba el Gran Rollo de Isaías, el más grande y mejor conservado de todos los textos bíblicos hallados. Durante décadas, estudiosos examinaron sus páginas con la esperanza de desentrañar quién había puesto tinta sobre aquella piel de animal preparada con cuidado. Pero los escribas nunca firmaron su trabajo, y sus nombres se perdieron en el tiempo.

Lo que quedó fue la pregunta: ¿cuántas manos escribieron realmente este rollo? A simple vista, la letra parecía casi uniforme, tan consistente que resultaba difícil imaginar que dos personas diferentes hubieran participado en su creación. Algunos investigadores habían sugerido la posibilidad de dos escribas, pero sin herramientas para probarlo, la cuestión permanecía en el terreno de la especulación. Entonces llegó la inteligencia artificial.

Investigadores de la Universidad de Groningen, en los Países Bajos, decidieron entrenar algoritmos para hacer lo que el ojo humano no podía: aislar y comparar cada uno de los miles de caracteres individuales del manuscrito. La máquina no se cansaba. No se distraía. Podía examinar no solo la forma general de cada letra, sino también detalles minúsculos: la curvatura de una línea, la presión del trazo, las variaciones imperceptibles que distinguen a un escriba de otro. Cuando los investigadores alimentaron el sistema con datos del Gran Rollo de Isaías, el análisis reveló algo definitivo: el documento había sido escrito por dos manos diferentes, cada una responsable de aproximadamente la mitad del texto.

Pero lo más intrigante no fue simplemente confirmar que dos personas lo escribieron. El análisis mostró que ambos escribas compartían un estilo de escritura notablemente similar, lo que sugería que habían recibido una formación común o provenían del mismo origen. No eran escribas al azar. Eran profesionales que habían aprendido juntos, que probablemente se conocían, que trabajaban dentro de la misma tradición de escritura. El estudio, publicado en la revista PLOS ONE, abrió una ventana inesperada hacia conexiones humanas que habían permanecido ocultas durante dos milenios.

Mladen Popovic, autor principal de la investigación, expresó la magnitud del descubrimiento con palabras que capturaban algo más que datos científicos. "Nunca sabremos sus nombres", reconoció. "Pero después de setenta años de estudio se siente como si finalmente pudiéramos estrecharles la mano a través de su letra". Era una forma de decir que la tecnología había hecho algo que la arqueología tradicional no podía: había humanizado el pasado. Había convertido a dos escribas anónimos en presencias tangibles, en individuos cuyas decisiones y hábitos podían ser identificados y estudiados.

Los Manuscritos del Mar Muerto, colección que incluye copias de textos de la Biblia hebrea y otros escritos religiosos, contienen los fundamentos del Antiguo Testamento. La mayoría de los fragmentos se exhiben en Jerusalén, aunque muchos permanecen en colecciones privadas. Todos fueron escritos sobre un material híbrido de pergamino y cuero, producido mediante un proceso de cuatro pasos: depilación, adelgazamiento, secado bajo tensión y acabado. Era un trabajo laborioso, especializado, que requería conocimiento y experiencia.

Ahora que los investigadores han demostrado que la inteligencia artificial puede identificar a escribas individuales incluso cuando sus estilos son casi idénticos, el siguiente paso es evidente. Popovic y su equipo planean aplicar esta metodología a otros pergaminos de la colección, buscando revelar más conexiones entre los escribas que produjeron estos textos antiguos. Cada análisis podría desentrañar nuevas historias sobre quién escribió qué, cómo estaban conectadas estas personas, qué redes de conocimiento y tradición existían en el mundo antiguo de Qumrán. La inteligencia artificial, herramienta del siglo XXI, se ha convertido en una llave para abrir puertas que la arqueología tradicional apenas podía tocar.

Después de setenta años de estudio se siente como si finalmente pudiéramos estrecharles la mano a través de su letra
— Mladen Popovic, autor principal del estudio
Encontramos evidencia de un estilo de escritura muy similar compartido por los dos escribas, lo que sugiere una formación u origen común
— Investigadores de la Universidad de Groningen
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