En un momento en que la inteligencia artificial redefine las fronteras de lo posible, también está redibujando los mapas de la energía. Los centros de datos que sostienen esta revolución computacional exigen volúmenes eléctricos que las redes convencionales no pueden proveer con la velocidad ni la fiabilidad requeridas, y así el gas natural —con su flexibilidad y redundancia— emerge como el aliado inesperado de la era digital. A través de contratos de largo plazo, nuevas plantas y expansiones de gasoductos en estados como Luisiana, Arkansas y Oklahoma, la industria energética estadounidense es