Durante décadas, cartografiar la estructura interna de las emociones humanas fue una tarea que se resistía a la escala: demasiadas comparaciones, demasiado agotamiento humano. Investigadores japoneses del Instituto Nacional de Biología Básica han descubierto que GPT-4, al organizar términos emocionales en un espacio bidimensional, reproduce con notable fidelidad los patrones que las personas mismas trazarían, superando incluso métodos computacionales consagrados. El hallazgo no sugiere que la máquina sienta, sino que el lenguaje humano ya lleva inscrita la geometría de las emociones, y que la