En el cruce entre el poder tecnológico y la ambición financiera, el desarrollo de la inteligencia artificial generativa avanza sin el contrapeso de una supervisión pública real. Quienes construyen estas herramientas reconocen abiertamente su potencial destructivo —comparable, según ellos mismos, al del Proyecto Manhattan— pero operan bajo la lógica del mercado y la autorregulación, no bajo la del interés colectivo. La historia reciente de Silicon Valley, con sus redes sociales que erosionaron la democracia y sus aplicaciones diseñadas para crear adicción en menores, ofrece pocas razones para c
La IA generativa: un negocio apocalíptico sin supervisión gubernamental
La democracia ha sido dañada por la polarización en redes sociales y menores han sido expuestos a contenidos tóxicos diseñados para crear adicción.