En los laboratorios del Instituto Wistar, investigadores han descubierto que las células cancerosas que sobreviven a la quimioterapia no descansan en silencio: liberan fructosa, un azúcar cotidiano, que debilita la cohesión de las células vecinas y abre camino a la metástasis del cáncer de ovario. Este hallazgo, publicado en Nature Aging, invita a repensar la relación entre lo que comemos, cómo tratamos el cáncer y la biología invisible que opera entre ambos mundos. La ciencia avanza con cautela, pero la pregunta que deja abierta es profunda: ¿puede la dieta alterar el destino de una enfermeda