Las sociedades occidentales se dividen en bloques ideológicos irreconciliables donde la comprensión mutua parece imposible, contrario a predicciones de hace 50 años sobre la muerte de las ideologías. Los gobiernos democráticos no logran frenar la desigualdad ni el cambio climático a pesar del apoyo mayoritario, generando percepción de impotencia política que paradójicamente alimenta la polarización.