En un momento de alta tensión política, la Reserva Federal de Estados Unidos eligió la independencia sobre la conveniencia, elevando las tasas de interés al rango de 3,75%-4% por primera vez en tres años. La decisión, unánime y tomada a mes y medio de las elecciones presidenciales, desafía abiertamente las presiones del presidente Trump, quien ha abogado por una política monetaria más laxa. En el fondo, este acto no es solo técnico: es una afirmación de que las instituciones pueden —y deben— sostener su mandato incluso cuando el viento político sopla en sentido contrario.