Alemania se aproxima a unas elecciones regionales en Mecklemburgo-Pomerania y Berlín que podrían redefinir el equilibrio político del país. La extrema derecha, nutrida por el descontento económico y las tensiones sobre la inmigración, avanza donde los partidos tradicionales alguna vez gobernaron con comodidad. En este clima, Friedrich Merz enfrenta no solo un desafío electoral, sino una pregunta más profunda sobre si el centro político puede sostenerse sin traicionar los valores democráticos que Alemania construyó con tanto esfuerzo tras la guerra.