En el corazón de una de las democracias más influyentes de Europa, una ola de descontento ciudadano está reconfigurando el mapa político. El partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) emerge como favorito en las próximas elecciones regionales, canalizando frustraciones económicas, inquietudes migratorias y una desconfianza creciente hacia las élites establecidas. Este fenómeno, que resuena en otras democracias occidentales, plantea preguntas profundas sobre los límites de la representación política y el futuro del consenso democrático alemán.