Cada septiembre, las aulas vuelven a enfrentarse a la vieja pregunta sobre cómo responder al conflicto entre jóvenes. Durante décadas, la expulsión fue la respuesta automática, pero dos décadas de investigación científica revisadas por la Asociación Estadounidense de Psicología revelan que ese camino no mejora la seguridad ni el clima escolar, y en cambio profundiza las desigualdades. La ciencia señala ahora hacia métodos que refuerzan lo positivo y reparan el tejido comunitario, invitando a las escuelas a repensar qué significa realmente disciplinar.