Cuatro días después: familias venezolanas excavan entre escombros sin rescatistas especializados

Más de 1.450 personas fallecidas, 3.000 heridas, y decenas desaparecidas bajo escombros; familias realizan labores de rescate manual sin preparación técnica ni equipamiento especializado.
La esperanza es lo último que se pierde, pero ya no tenemos muchas esperanzas
Leonela Delgado, cuyo hijastro permanece bajo los escombros del edificio Belo Horizonte, después de cuatro días sin rescatistas especializados.

Los terremotos del 26 de junio son los más mortíferos en Venezuela en más de un siglo, dejando 1.450 muertos y 3.000 heridos con esperanzas decrecientes de encontrar sobrevivientes. Familiares y voluntarios realizan labores de rescate sin equipamiento adecuado ni personal especializado, mientras autoridades locales proporcionan respuesta insuficiente frente a la magnitud de la tragedia.

  • Terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 el 26 de junio de 2026 en Venezuela
  • 1.450 muertos confirmados y más de 3.000 heridos
  • Edificio Belo Horizonte en Playa Grande: 17 plantas, solo 4 permanecen en pie
  • Familiares realizan rescates manuales sin equipamiento especializado ni maquinaria pesada
  • Réplicas sísmicas continuas y riesgo de derrumbes adicionales en estructuras comprometidas

Cuatro días después de terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 en Venezuela, familiares denuncian falta crítica de rescatistas y maquinaria especializada mientras continúan excavando manualmente entre los escombros con más de 1.450 fallecidos confirmados.

En Catia La Mar, en el estado de La Guaira, cuatro días después de que dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieran Venezuela, las familias siguen excavando entre los escombros con las manos. No hay maquinaria pesada. No hay equipos especializados. Lo que hay es desesperación que se convierte lentamente en resignación.

El balance oficial registra 1.450 muertos y más de 3.000 heridos. Pero esos números no capturan lo que sucede en Playa Grande, donde decenas de personas buscan a sus seres queridos prácticamente sin recursos. Leonela Delgado es una de ellas. Su hijastro está bajo los escombros del edificio Belo Horizonte, un edificio de 17 plantas del cual solo cuatro permanecen en pie. Hace cuatro días, cuando llegó a la zona, había personas vivas pidiendo ayuda. Ahora, dice, ya no muestran señales. "La esperanza es lo último que se pierde, pero ya no tenemos muchas esperanzas", afirmó.

Delgado y sus vecinos han intentado hacer el trabajo que debería corresponder a los rescatistas. Movieron escombros sin herramientas, sin maquinaria, sin equipos especializados. El viernes lograron sacar varios cuerpos de personas que antes les pedían ayuda. Fue trabajo manual, trabajo de desesperación. Pero mientras lo hacían, la policía llegaba, tomaba fotografías o videos, y se marchaba. "Todo lo que hemos hecho ha sido de forma voluntaria. Nunca vimos un verdadero plan de contingencia", denunció Delgado.

La respuesta oficial ha sido insuficiente frente a la magnitud de lo que sucedió. Las labores de rescate han recaído principalmente en voluntarios, en pequeños equipos de bomberos, en personal de Protección Civil y en brigadas internacionales que llegaron desde Italia y Ecuador. Diana Guzmán, una enfermera que viajó desde España después de enterarse de la tragedia, encontró a familiares realizando labores de rescate sin ninguna preparación técnica. "Muchas personas han perdido la vida por la falta de rescatistas especializados", afirmó. Los familiares trabajan de forma empírica, impulsados únicamente por el deseo de recuperar a sus seres queridos, estén vivos o fallecidos. Guzmán pidió reforzar de manera urgente la presencia de equipos especializados y maquinaria pesada.

Quienes permanecen en las zonas devastadas enfrentan un peligro constante. Las réplicas sísmicas continúan. Los edificios presentan graves daños estructurales y podrían colapsar en cualquier momento. El riesgo de nuevos derrumbes aumenta tanto para los sobrevivientes como para los rescatistas que continúan trabajando entre los escombros. Es un trabajo que se vuelve más peligroso cada hora que pasa.

Los terremotos del 26 de junio ya son considerados los más mortíferos ocurridos en Venezuela en más de un siglo. Representan uno de los mayores desafíos humanitarios que enfrenta el país en su historia reciente. Y mientras pasan los días, la ventana para encontrar sobrevivientes se cierra. Lo que queda es el trabajo de recuperar a los muertos, realizado por personas que no tienen la preparación ni los equipos para hacerlo de forma segura.

Las personas que estaban con vida cuando llegamos ya no muestran señales. Ojalá todavía podamos encontrar a alguien con vida, pero con el paso del tiempo esa esperanza disminuye.
— Leonela Delgado, buscando a su hijastro entre los escombros
Muchas personas han perdido la vida por la falta de rescatistas especializados. Los familiares trabajan de forma empírica, únicamente impulsados por el deseo de recuperar a sus seres queridos.
— Diana Guzmán, enfermera que viajó desde España
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué cuatro días es un punto de quiebre tan crítico en una operación de rescate?

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Después de 72 horas, la probabilidad de encontrar a alguien vivo bajo los escombros cae dramáticamente. El cuerpo humano puede sobrevivir sin agua aproximadamente tres días. Los rescatistas saben esto. Las familias también lo saben. Por eso el cuarto día se siente como un cambio de misión: de rescate a recuperación.

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¿Qué significa que "la policía llega, toma fotografías y se marcha"?

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Significa que hay presencia estatal pero no hay acción. Es documentación sin intervención. Mientras tanto, los vecinos están moviendo piedras con las manos. La brecha entre lo que el gobierno debería estar haciendo y lo que realmente hace es tan grande que los civiles simplemente toman el control.

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¿Por qué una enfermera de España viaja a Venezuela después de un terremoto?

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Porque la noticia se propaga globalmente y hay personas que sienten la obligación moral de responder. Pero su presencia también subraya la realidad: Venezuela no tiene suficientes recursos propios. Necesita ayuda internacional para una crisis que debería poder manejar internamente.

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¿Cuál es el peligro real de trabajar entre escombros sin equipamiento especializado?

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Derrumbes secundarios. Estructuras inestables que pueden colapsar sin advertencia. Lesiones por objetos cortantes o pesados. Exposición a bacterias y contaminación. Pero el peligro más inmediato son las réplicas sísmicas. Un temblor de magnitud 4 o 5 puede derribar lo que ya está debilitado. Los rescatistas profesionales tienen equipos de detección y protección. Las familias tienen esperanza.

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¿Qué sucede cuando termina el cuarto día sin encontrar sobrevivientes?

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La búsqueda continúa, pero cambia de naturaleza. Ya no es rescate. Es excavación arqueológica de dolor. Las familias siguen viniendo, pero saben que buscan cuerpos, no vidas. Y eso es un duelo diferente.

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