Chile enfrenta una epidemia silenciosa de soledad que afecta a jóvenes y mayores

Adultos mayores y jóvenes experimentan aislamiento severo que afecta su salud mental y física, limitando su participación social y aumentando vulnerabilidad.
Mi compañera es la tele, la tengo todo el día prendida
Margarita Sanhueza describe cómo la televisión es su única fuente de compañía humana en su departamento vacío.

En Chile, una de cada cinco personas declara no tener amigos cercanos, una cifra que duplica la de Estados Unidos y que afecta con especial dureza a jóvenes y adultos mayores. El país ha mejorado sus indicadores económicos y educativos, pero no ha construido los lazos sociales que suelen acompañar ese progreso, revelando una paradoja profunda: más conectividad digital y más prosperidad material han coincidido con un empobrecimiento silencioso del tejido humano. La soledad en Chile no es solo un estado emocional; es también territorial, alimentada por el miedo, la desconfianza y la retirada de la vida pública.

  • El 19% de los chilenos no tiene ni un amigo cercano, una tasa que entre jóvenes de 18 a 24 años llega al 22% y que entre mujeres pobres se vuelve casi total ausencia de redes.
  • La paradoja es inquietante: la generación más conectada digitalmente es también la que reporta mayor soledad, mientras la masificación universitaria fragmenta en lugar de unir.
  • El miedo a la inseguridad barrial encierra literalmente a las personas en sus hogares, convirtiendo la soledad en una prisión física además de emocional.
  • El 68% de los chilenos no participa en ninguna asociación ni club, y la confianza en los vecinos y en las instituciones permanece persistentemente baja.
  • Expertos advierten que Chile enfrenta esta crisis sin reconocerla públicamente, escudado en el mito de ser una sociedad latina cálida y familiarista que no necesitaría preocuparse por el aislamiento.

Margarita Sanhueza tiene 73 años y vive sola en Estación Central. Desde que murió su madre, con quien compartía ese departamento, su mundo se ha ido vaciando: un hermano que no llama, hijos que prefieren el teléfono a la visita, una amiga del edificio que ya no está. La televisión encendida todo el día le presta las voces humanas que ya no llegan en persona. Cuando piensa en salir, se pregunta en voz alta a dónde iría.

Su historia refleja una realidad estadística que Chile apenas comienza a nombrar. Según la Encuesta Bicentenario 2023 de la Universidad Católica, el 19% de los chilenos no tiene un solo amigo cercano, más del doble que en Estados Unidos. Los más afectados son los jóvenes de 18 a 24 años y los mayores de 55, y las mujeres pobres son quienes prácticamente carecen de redes de amistad. El sociólogo Eduardo Valenzuela, que investigó el capítulo de cohesión social de la encuesta, califica los resultados de preocupantes pero coherentes con señales acumuladas durante años.

Lo que desafía la lógica es que Chile ha mejorado en educación, ingresos y condiciones de vida sin que eso se traduzca en mayor confianza o convivencia. El 68% no participa en ninguna asociación, casi uno de cada cinco desconfía de la mayoría de la gente, y más de la mitad siente que la sociedad no protege sus derechos. La tasa de asociatividad chilena es varias veces menor que la de los países de la OCDE.

El profesor Rodrigo Figueroa, de la Universidad de Chile, señala que los espacios para construir vínculos de calidad han ido desapareciendo. La masificación universitaria fragmenta a los estudiantes; las redes sociales generan la ilusión de conexión sin sustituir el vínculo real. Valenzuela añade otro factor: la inseguridad barrial. La llegada masiva de migración y el aumento de la criminalidad han creado un clima de pánico que mantiene a la gente encerrada y aleja a los vecinos entre sí.

Margarita Sanhueza lo vive en carne propia. Le pidió a su hija que dejara de visitarla por miedo a los robos en su zona. Tuvo que cambiar de consultorio porque la acera de entrada se había vuelto peligrosa. El miedo la retiene dentro, pero dentro también teme caerse sola en la oscuridad. Su soledad no es solo tristeza: es una geografía del abandono construida por el miedo, la distancia y el silencio de quienes podrían estar cerca.

Margarita Sanhueza tiene 73 años y vive sola en un departamento de Estación Central, en el poniente de Santiago. Hace cuatro años murió su madre, a quien cuidó durante años en esa misma casa donde alguna vez vivieron nueve personas. De sus tres hermanos, solo uno sigue vivo, y hace dos meses que no hablan. Sus cuatro hijos prefieren comunicarse por teléfono antes que visitarla. Una de sus dos amigas del edificio falleció hace un año. Ahora su compañía principal es la televisión, que mantiene encendida todo el día para escuchar voces humanas mientras teje en la cama, acostada desde las seis de la tarde por el frío. "De repente digo voy a salir… pero ¿a dónde voy?", se pregunta en voz alta.

La historia de Sanhueza no es un caso aislado. En Chile, el 19% de la población dice no tener ni un amigo cercano, según la Encuesta Bicentenario de la Universidad Católica de 2023. En Estados Unidos, esa cifra es del 8%. Los más afectados son los jóvenes de 18 a 24 años, donde uno de cada cinco reporta no tener amistades cercanas, y los mayores de 55 años. Las mujeres tienden a sentirse más aisladas que los hombres, especialmente las mujeres pobres, quienes según el sociólogo Eduardo Valenzuela, investigador del capítulo de cohesión social de la encuesta, prácticamente carecen de redes de amistad.

Valenzuela califica estos resultados como "preocupantes" pero coherentes con señales que se vienen registrando hace tiempo. Lo que sorprende es que Chile, a medida que ha mejorado su educación, sus ingresos per cápita y sus condiciones de vida, no ha experimentado una mejora correspondiente en convivencia, confianza y lealtad institucional. Es una paradoja que desafía la lógica económica. El 68% de los chilenos no participa activamente en ninguna asociación, grupo organizado o club. Casi uno de cada cinco no confía en la mayoría de la gente. Más de la mitad cree que no vive en una sociedad que proteja sus derechos ni atienda sus necesidades cuando sea necesario.

Europa habla de una epidemia de soledad, pero con datos menos alarmantes que los de Chile. Sin embargo, en el país sudamericano el tema permanece prácticamente silenciado. "Nosotros tenemos la falsa imagen como países latinos de ser extremadamente sociables y bien asentados en la familia, donde uno no esperaría que hubiera mucha soledad y, sin embargo, la hay", señala Valenzuela. La baja tasa de asociatividad chilena es varias veces menor que la de países OCDE. La calidad de las relaciones con los vecinos también ha permanecido baja, sin mostrar la mejoría que cabría esperar.

Lo paradójico es que los jóvenes, la generación más conectada digitalmente, son quienes se sienten más solos. Rodrigo Figueroa, profesor de sociología en la Universidad de Chile, explica que los espacios sociales han ido disminuyendo. En las universidades, la masificación ha fragmentado a los estudiantes en grupos pequeños donde casi nadie conoce a la totalidad de sus compañeros. Hace años, una carrera de sociología recibía 40 ingresos anuales; ahora recibe 100. La paradoja es que la masividad y la conexión a redes sociales terminan generando sentimientos de soledad y aislamiento. No hay espacios para construir vínculos de calidad.

Valenzuela atribuye las altas tasas de soledad en jóvenes y mayores al hecho de que son etapas de la vida en que las personas están más desvinculadas. En la etapa media, la mayoría tiene cónyuge, hijos, mantiene relación con la familia de origen y aún no ha perdido amigos. La disminución en los índices de vecindad —cada vez se conocen menos números de vecinos— la atribuye a la inseguridad. El ambiente de pánico que se apodera de países como Chile, tras recibir un flujo migratorio súbito y masivo, combinado con aumentos en la tasa de criminalidad, ha creado un ambiente de inseguridad barrial muy fuerte que mantiene a la gente encerrada.

Sanhueza ya casi no sale. Le pidió a su hija que vive en Providencia que dejara de visitarla porque tiene un buen coche y en su zona hay muchos portonazos. Incluso tuvo que cambiar de consultorio porque un grupo de vendedores ambulantes se había tomado la acera de ingreso y se peleaban con cuchillos a plena luz del día. Los propios funcionarios del recinto sanitario derivaban a los pacientes por una entrada trasera para no exponerlos. El peligro la reciente fuera de casa, pero también dentro: teme tropezar una noche oscura en su departamento. La soledad de Sanhueza no es solo emocional; es también física, territorial, una prisión construida por el miedo y el abandono.

Nosotros tenemos la falsa imagen como países latinos de ser extremadamente sociables y bien asentados en la familia, donde uno no esperaría que hubiera mucha soledad y, sin embargo, la hay
— Eduardo Valenzuela, sociólogo e investigador de cohesión social
La masividad y la conexión a las redes termina generando un sentimiento de soledad y aislamiento. No hay espacios para construir vínculos de calidad
— Rodrigo Figueroa, profesor de sociología en la Universidad de Chile
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué Chile tiene tasas de soledad más altas que países desarrollados si supuestamente es una sociedad más familiarista?

Model

Esa es la pregunta que desconcierta a los investigadores. Tenemos la imagen de ser extremadamente sociables, pero los números dicen otra cosa. Probablemente porque esa imagen nunca fue tan real como creíamos, o porque algo en los últimos años la ha erosionado profundamente.

Inventor

¿Qué erosionó esa cohesión?

Model

Varios factores simultáneamente. La inseguridad barrial ha hecho que la gente se encierre. La masificación universitaria fragmentó los espacios donde se construyen amistades. Las redes sociales prometieron conexión pero entregaron aislamiento. Y la estructura económica dejó a muchos sin tiempo ni energía para cultivar relaciones.

Inventor

Pero los jóvenes tienen redes sociales, están conectados todo el tiempo. ¿Cómo pueden estar más solos que sus abuelos?

Model

Esa es la paradoja. La conectividad digital no es lo mismo que vínculos reales. Un joven en una universidad masificada puede tener 500 contactos en redes pero no conocer a nadie en su carrera. Está rodeado pero desconectado.

Inventor

¿Y Margarita Sanhueza? ¿Qué la mantiene viva?

Model

La televisión, principalmente. Y la esperanza de que algún día su amiga Margó cumpla la promesa de que vivan juntas cuando sean más viejas. Pero eso es frágil. Muy frágil.

Inventor

¿Hay algo que pueda revertir esto?

Model

Los expertos no lo dicen claramente, pero está implícito: necesitamos reconstruir espacios públicos seguros donde la gente pueda estar junta sin miedo. Necesitamos desmasificar la educación o al menos crear comunidades dentro de ella. Necesitamos que la gente salga de sus casas. Pero primero necesitamos que dejen de tener miedo.

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