En el transcurso del último año, una empresa privada japonesa ha comenzado a desplegar drones de capacidad militar activa en el conflicto ucraniano, desafiando la narrativa de superioridad tecnológica rusa desde un ángulo inesperado. Lo notable no es solo la eficacia de los aparatos en el terreno, sino lo que su presencia revela: que las fronteras entre corporación, nación y beligerante se disuelven cuando la tecnología avanzada encuentra su camino hacia una guerra. Ucrania se ha convertido, así, en el escenario donde el mundo comienza a comprender que los conflictos del siglo XXI serán librad