En el horizonte del desierto saudí, una torre de más de mil metros se eleva como pregunta más que como respuesta: ¿hasta dónde puede llegar la ambición humana cuando la física ya no es el límite? La Torre Jeddah, detenida años por escándalos y falta de fondos antes de reanudar su ascenso, recuerda que los verdaderos techos de la civilización son económicos, políticos y éticos, no estructurales. Lo que los ingenieros construyen hoy no es solo acero y hormigón, sino la negociación permanente entre lo posible y lo sostenible.