Durante generaciones, la fortaleza de las instituciones estadounidenses fue el ancla invisible del orden financiero global. Hoy, el retiro de reservas de oro europeas y las maniobras del Tesoro para contener el alza de rentabilidades de su deuda revelan que esa confianza —silenciosa cuando existe, ensordecedora cuando se ausenta— está siendo puesta a prueba. La economía real muestra resiliencia: empleo sólido, empresas fuertes, liderazgo en inteligencia artificial. Pero la historia advierte que las grandes potencias no caen por falta de capacidad, sino por la erosión de la fe que sus aliados d