En el teatro de la política contemporánea, donde la atención es la moneda más valiosa, un intento de humillación pública puede convertirse en su propio antídoto. Durante una convención republicana, la imagen en ropa interior del youtuber socialista Hasan Piker fue proyectada ante cientos de asistentes con la intención de ridiculizarlo, pero el gesto produjo el efecto inverso: una oleada de visibilidad y simpatía que disparó su popularidad a niveles sin precedentes. El episodio recuerda que en la era de las redes sociales, el escarnio público ya no obedece a las reglas de quien lo orquesta.