Veintisiete millones de pesos desaparecieron sin que sus dueños supieran qué pasó
A mediados de 2023, una banda liderada por los hermanos García tendió una red invisible sobre miles de ciudadanos argentinos, imitando instituciones de confianza para vaciar sus cuentas sin que lo advirtieran. El fraude, que combinó phishing, plataformas de donaciones y criptomonedas, revela cuánto puede costar la confianza depositada en una pantalla. Más de dos mil personas perdieron fondos y veintisiete millones de pesos se evaporaron en el laberinto digital antes de que la justicia pudiera intervenir.
- La banda construyó sitios falsos del Registro de Infractores y del Parque de la Costa con tal precisión que las víctimas los confundían con páginas oficiales y entregaban sus datos bancarios sin sospechar nada.
- En apenas treinta días ejecutaron casi cinco mil intentos de fraude, logrando que más de mil operaciones fueran aprobadas y sustrayendo veintisiete millones de pesos que Mercado Pago debió absorber como pérdida.
- Para borrar el rastro del dinero robado, los acusados lo dispersaron entre billeteras virtuales, criptomonedas y hasta un plazo fijo en el Banco Nación, convirtiendo fondos ilícitos en apariencia legítima.
- Con los imputados detenidos, la defensa presiona al juez Mangiafico para obtener su liberación bajo fianza, argumentando que no fueron los cerebros de la operación, mientras la resolución judicial se espera en los próximos días.
A mediados de 2023, una banda criminal ejecutó uno de los fraudes digitales más sofisticados registrados en el país. El mecanismo era engañoso en su simplicidad: sitios web falsos que imitaban instituciones legítimas atrajeron a miles de personas desprevenidas y les robaron los datos de sus tarjetas. Cuando todo terminó, más de dos mil víctimas habían sido estafadas y veintisiete millones de pesos habían desaparecido.
El plan arrancó el 24 de septiembre de 2023, cuando Gastón García pagó para posicionar en Google dos páginas fraudulentas: una que fingía ser el Registro de Infractores al Deber de Votar y otra que imitaba al Parque de la Costa. Las direcciones web apenas diferían de las originales. Las víctimas creían pagar una multa o comprar una entrada, ingresaban sus datos bancarios y, sin saberlo, se los entregaban a los estafadores.
Con esa información, la banda creaba cuentas falsas en plataformas de donaciones como Tecito y Cafecito, las vinculaba a Mercado Pago y comenzaba a drenar las tarjetas de las víctimas. En treinta días realizaron 1.887 operaciones fraudulentas: 1.051 fueron aprobadas, 836 fueron canceladas a tiempo por los propios titulares, y casi tres mil intentos más fueron rechazados. El saldo neto fue de veintisiete millones de pesos sustraídos, pérdida que terminó asumiendo Mercado Pago.
Luego vino el lavado. Los fondos se movieron velozmente entre billeteras virtuales como Lemon y Brubank, se convirtieron en criptomonedas y uno de los integrantes llegó a colocar parte del dinero en un plazo fijo del Banco Nación para mimetizarlo con fondos legítimos. La Fiscalía de Delitos Económicos identificó cada uno de esos pasos.
Hoy, con los acusados detenidos, su defensor Facundo de Oro solicita la libertad bajo una fianza de diez millones de pesos, argumentando que sus clientes no fueron los planificadores de la operación. El juez David Mangiafico resolverá en los próximos días quién permanece preso y quién recupera la libertad.
A mediados de 2023, una banda criminal ejecutó uno de los fraudes digitales más sofisticados registrados en el país. El mecanismo era simple en apariencia pero devastador en escala: crear sitios web falsos que imitaban instituciones legítimas, atraer a miles de personas desprevenidas, y robar los datos de sus tarjetas de crédito y débito. Cuando todo terminó, más de dos mil víctimas habían sido estafadas y veintisiete millones de pesos habían desaparecido de sus cuentas.
El plan comenzó el 24 de septiembre de 2023, cuando Gastón García pagó veintiocho mil pesos para posicionar y publicitar en Google dos páginas web fraudulentas que había diseñado. Una fingía ser el Registro de Infractores al Deber de Votar; la otra, el Parque de la Costa. Los sitios estaban construidos con tal precisión que sus direcciones apenas diferían de las originales. La trampa funcionaba así: una persona recibía un mensaje o veía un anuncio, hacía clic, y creía estar en un sitio oficial. Necesitaba pagar una multa de tránsito o comprar una entrada para el parque. Ingresaba sus datos bancarios. Y en ese momento, sin saberlo, le entregaba toda su información a los estafadores. Este método se conoce como phishing.
Una vez que tenían los números de tarjeta, los códigos de seguridad y los datos personales, los criminales pasaban a la siguiente fase. Creaban cuentas falsas en plataformas de donaciones como Tecito y Cafecito, que son sitios legítimos donde las personas contribuyen dinero voluntariamente a campañas de financiamiento colectivo. Cargaban los datos robados en esas cuentas, los vinculaban a Mercado Pago, y comenzaban a realizar transacciones. El dinero salía de las tarjetas de las víctimas sin su consentimiento.
En el transcurso de treinta días, realizaron mil ochocientas ochenta y siete operaciones fraudulentas. De esas, mil cincuenta y una fueron aprobadas por los sistemas bancarios. En ochocientas treinta y seis, los titulares de las tarjetas lograron detectar el fraude a tiempo y cancelaron las transacciones antes de que el dinero se perdiera. Pero hubo casi tres mil intentos más que fueron rechazados. El resultado neto fue que veintisiete millones de pesos fueron sustraídos exitosamente. Mercado Pago, la plataforma que procesaba las transacciones, fue quien asumió la pérdida.
Pero el fraude no terminaba ahí. La Fiscalía de Delitos Económicos identificó un paso adicional crucial: el lavado de dinero. Una vez que los fondos llegaban a las cuentas de los estafadores, estos los transferían rápidamente a través de billeteras virtuales como Lemon y Brubank. Compraban criptomonedas. Movían el dinero de un lado a otro, intentando borrar cualquier rastro de su origen ilícito. Uno de los integrantes de la banda incluso colocó parte del dinero en un plazo fijo del Banco Nación, buscando que el dinero robado se mimetizara con fondos legítimos.
Ahora, mientras la investigación avanza, la defensa de los acusados busca su liberación. El abogado Facundo de Oro presentó un argumento ante el juez: sus clientes no eran los líderes de la operación, no fueron quienes la planificaron. Solicitó que sean liberados bajo una fianza de diez millones de pesos, argumentando que otros imputados en el caso permanecen en libertad. El juez David Mangiafico tiene la palabra. Su decisión sobre quién permanece detenido y quién sale a la calle llegará en los próximos días.
Notable Quotes
Los jóvenes no eran los líderes de la banda ni quienes planificaron la megaestafa— Facundo de Oro, abogado defensor
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Cómo es que un sitio falso logra engañar a dos mil personas? ¿No debería ser obvio que algo está mal?
La gente no está buscando fraude. Ven un anuncio de Google, ven una dirección que parece correcta, y su mente completa los espacios en blanco. Además, muchos estaban apurados: querían pagar una multa o comprar una entrada. No tenían tiempo de verificar cada detalle.
Una vez que roban los datos, ¿por qué no simplemente sacan el dinero de una vez?
Porque eso sería demasiado obvio. Si retiras veintisiete millones de una sola tarjeta, los sistemas de seguridad lo detectan inmediatamente. Entonces lo hacen en pequeños montos, a través de muchas transacciones, usando plataformas de donaciones que parecen legítimas. Es como dispersar el dinero en la multitud.
¿Y las criptomonedas? ¿Eso hace que sea imposible recuperar el dinero?
Más difícil, sí. Cuando conviertes pesos en Bitcoin o Ethereum, estás creando una barrera. El dinero ya no está en el sistema bancario tradicional. Pero no es imposible. Los investigadores pueden rastrear billeteras, ver dónde se movió el dinero. Lo que sí es cierto es que cada paso que dan los estafadores—cada transferencia, cada conversión—añade una capa más de complejidad.
¿Mercado Pago simplemente pierde veintisiete millones? ¿No tienen seguros?
Mercado Pago es responsable porque procesó las transacciones. Ellos debieron detectar patrones sospechosos: múltiples transacciones pequeñas, todas en plataformas de donaciones, todas en un mes. Algunos sistemas lo habrían bloqueado. Pero en este caso, pasó. Y sí, asumen la pérdida.
¿Qué pasa ahora con los acusados?
Eso depende del juez. La defensa dice que estos no eran los cerebros detrás del plan. Quieren que salgan bajo fianza. Pero la fiscalía probablemente argumentará que son un riesgo de fuga, que tienen acceso a dinero, que podrían desaparecer. Es un juego de poder que se resuelve en los próximos días.