En el corazón de Europa, Friedrich Merz gobierna Alemania desde hace dieciséis meses sobre un suelo que se agrieta bajo sus pies: una economía estancada desde hace cinco años, instituciones que pierden legitimidad y una extrema derecha que avanza sin freno. Los comicios regionales de esta semana en Mecklemburgo y Berlín no fueron solo una derrota electoral, sino el espejo de una crisis estructural que ningún cambio de liderazgo, por sí solo, podría sanar. Lo que está en juego no es únicamente la supervivencia de una coalición, sino la capacidad de Alemania —y por extensión de Europa— de respon