Berlín llega a sus elecciones regionales cargando el peso de una ciudad que se le escapa a sus propios habitantes: los alquileres suben, los desalojos se multiplican y la pregunta sobre quién tiene derecho a quedarse resuena en cada barrio. En ese clima de angustia material, Die Linke lidera las encuestas prometiendo intervención estatal, mientras la extrema derecha duplica su apoyo canalizando el mismo descontento hacia otro horizonte. Lo que se decide en las urnas berlinesas no es solo quién gobierna la capital, sino qué lenguaje político logra nombrar mejor el malestar de una época.