En toda crisis hay un momento en que el sistema se mira a sí mismo y descubre sus propias grietas. En Ceuta, ese momento ha llegado con la caída de un alto cargo político, primera consecuencia visible de una gestión fronteriza que documentos desclasificados revelan como fragmentada y mal coordinada entre el CNI, la Delegación del Gobierno y los ministerios implicados. La información existió, las alertas se emitieron, pero algo en el tejido institucional no sostuvo el peso de la urgencia, y ahora el Estado español enfrenta la pregunta más incómoda de toda crisis: ¿quién sabía qué, y por qué no