A finales de julio, 72.000 personas cruzaron desde Marruecos hacia Ceuta en apenas dos días, poniendo al descubierto algo que los escándalos previos no habían logrado: la fragilidad estructural de la coalición que sostiene a Pedro Sánchez en el poder. Un mes después, con miles de migrantes aún en las calles sin techo ni servicios básicos, el Congreso fue escenario de una rareza política —la crítica unánime de todos los socios de investidura, incluido el propio Sumar— que convierte una crisis humanitaria en una herida abierta de gobernabilidad.
La crisis de Ceuta agudiza la precariedad del Gobierno de Sánchez
Aproximadamente 72.000 migrantes permanecen en situación de precariedad en las calles de Ceuta un mes después de su llegada, sin acceso adecuado a alojamiento ni servicios básicos.