En las semanas previas a las elecciones presidenciales de Brasil, un escándalo de corrupción ha sacudido los cimientos del Tribunal Supremo, institución que Lula consideraba un bastión de su proyecto político. Los pagos millonarios vinculados al banquero Daniel Vorcaro —preso por el mayor fraude financiero del país— salpican a varios magistrados, incluido el juez Moraes, figura central en la inhabilitación de Bolsonaro. Lo que debía ser una fortaleza institucional se ha convertido en una vulnerabilidad electoral, recordándonos que el poder sin transparencia termina por corroer incluso a quiene