En los laboratorios de la Universidad de Texas, la investigadora Consuelo Walss-Bass cultiva pequeñas réplicas del cerebro humano con una motivación que va más allá de la ciencia: su propia hermana perdió la mente ante sus ojos sin que nadie pudiera explicar por qué. Su trabajo con organoides cerebrales busca descifrar el misterio de la esquizofrenia —por qué golpea a unos y perdona a otros dentro de la misma familia— y representa una de las apuestas más íntimas y audaces de la neurociencia contemporánea.
La científica que cultiva minicerebros para desentrañar por qué la esquizofrenia afectó a su familia
La hermana de Walss-Bass desarrolló esquizofrenia a los 40 años sin tratamiento adecuado, resultando en daño cognitivo permanente que la dejó con capacidad mental de una niña de ocho años.