La ciencia toma las calles de Santander en la Noche de los Investigadores

La ciencia es entretenida y amigable, no solo lejana
Carmela Oria, investigadora, explicó por qué mostrar la ciencia en la calle importa para cambiar cómo los niños la ven.
Mark

¿Por qué la Universidad de Cantabria decidió hacer esto en la plaza de Alfonso XIII y no en el campus?

Mimi

Creo que el punto es precisamente ese: sacar la ciencia del campus, llevarla donde está la gente. Si los investigadores se quedan en sus laboratorios, solo hablan con otros investigadores. Aquí, en la plaza, un niño como Elian puede ver un transformador eléctrico y empezar a hacer preguntas.

Luke

Pero ¿cuánta gente pasó realmente por la plaza? El artículo dice que había «menos palomas, bicis y paseantes que de costumbre», así que no está claro si fue un éxito de asistencia o si simplemente fue un viernes tranquilo.

Mark

Buena observación. Mimi, ¿cómo se mide si algo así funciona?

Mimi

Supongo que no solo en números. Sofía del Carmen dijo que fue «emocionante» explicar su trabajo de esta forma. Eso es real. Y los padres de Elian vinieron específicamente porque querían que su hijo viera ciencia en acción.

Luke

Cierto, pero el artículo no dice cuántos niños pasaron por cada expositor, cuántas personas se fueron con una idea nueva sobre la investigación. Sabemos que fue entretenido, pero no sabemos si cambió algo.

Mark

¿Y los colegios profesionales? ¿Qué ganaron ellos con estar allí?

Mimi

Visibilidad, principalmente. El Colegio de Fisioterapeutas estaba en su primer año participando. Querían mostrar que la fisioterapia es una profesión que «hace falta». La AECC quería conectar con gente que tal vez no conocía sus proyectos de investigación en cáncer.

Luke

Pero el artículo no dice si alguno de esos colegios o asociaciones ganó nuevos miembros, nuevos pacientes, nuevas donaciones. Solo dice que estaban allí y que fue «una gran oportunidad».

Mark

Entonces, ¿es solo una actividad bonita de divulgación, o tiene consecuencias reales?

Mimi

Probablemente ambas cosas. Para un niño que nunca ha visto un microscopio, ver células de su propia boca es una consecuencia real. Para un investigador como Sofía del Carmen, poder explicar su trabajo de forma que la gente lo entienda y lo encuentre emocionante también es real.

Luke

De acuerdo. Pero la pregunta que nadie responde es: ¿cuántos de esos trescientos científicos y expertos estaban realmente allí, o es un número que incluye a gente que ayudó a montar las carpas?

  • Más de trescientos científicos y expertos tomaron el centro de Santander para mostrar en vivo lo que normalmente ocurre a puerta cerrada en laboratorios, aulas y observatorios.
  • Microscopios, drones, catapultas, dinamómetros y mantones de seda bordada compitieron por la atención de familias y transeúntes en una plaza que dejó de ser un espacio de paso para convertirse en un laboratorio colectivo.
  • La participación de colegios profesionales y asociaciones como la AECC amplió el alcance del evento más allá de la universidad, poniendo sobre la mesa temas tan urgentes como la inmunoterapia contra el cáncer, la salud cardiovascular y la fisioterapia preventiva.
  • Niños como Elian, de puntillas frente a una maqueta de transformadores eléctricos, y grupos escolares observando sus propias células al microscopio encarnaron el objetivo central: despertar una curiosidad que no se apaga al salir de la plaza.

Una vez al año, en casi quinientas ciudades europeas, la ciencia abandona sus recintos cerrados y sale a la calle a recordarle a la gente que el conocimiento no es propiedad exclusiva de los laboratorios. En Santander, la plaza de Alfonso XIII fue ese umbral: un lugar donde investigadores del cáncer, ingenieros eléctricos, fisioterapeutas, enfermeros e historiadores se pusieron al alcance de la mano de niños y adultos, convirtiendo la curiosidad en el lenguaje común de una tarde de viernes. La Noche Europea de los Investigadores no es solo un evento de divulgación; es un recordatorio de que la ciencia vive más cerca de nosotros de lo que solemos imaginar.

La plaza de Alfonso XIII de Santander dejó de ser un espacio de paseo el viernes por la tarde para convertirse en un laboratorio a cielo abierto. A partir de las cinco, más de trescientos científicos, técnicos y expertos de la Universidad de Cantabria, colegios profesionales y asociaciones desplegaron microscopios, drones, catapultas y mantones de seda bordada por el centro de la ciudad. Era la Noche Europea de los Investigadores, coordinada por la UC, que este año se celebró simultáneamente en otras cuatrocientas sesenta ciudades del continente.

Sofía del Carmen, del Grupo de Investigación del Cáncer del Instituto Idival, pasó la tarde guiando a grupos de niños para que extrajesen una muestra de su propia boca y la observasen bajo el microscopio. «Nosotros solemos trabajar algo ajenos a la calle, y esto es una oportunidad para adaptarnos y explicar lo que hacemos. Es divertido y muy emocionante», contó. A pocos metros, el investigador Ismael Antolín respondía pacientemente las preguntas de Elian, un niño que se mantenía de puntillas para ver mejor la maqueta del Grupo de Investigación en Transformadores Eléctricos. Sus padres lo habían llevado convencidos de que ese era «el sitio ideal para él».

La iniciativa fue mucho más que un escaparate universitario. Colegios profesionales de Fisioterapia, Arquitectura e Ingeniería de Caminos montaron sus propios expositores. La Asociación Española Contra el Cáncer llevó probetas y pipetas para explicar modelos de inmunoterapia. En el stand del Colegio de Fisioterapeutas, los visitantes podían medir su fuerza con un dinamómetro. El Colegio de Enfermeras y Enfermeros propuso cinco pruebas —desde crear un plato saludable hasta practicar reanimación cardiopulmonar— para ganarse un pasaporte de salud, subrayando que la enfermería es también «motor de investigación y docencia».

Entre todas las instalaciones, quizás la más inesperada fue la del Grupo Mundus I+D+i de Historia Moderna: un expositor dedicado a los mantones de Manila donde la investigadora Miriam Díaz, vestida con uno de color melocotón, invitaba a los visitantes a colocar dragones y rosas de cartón sobre las telas expuestas. La actividad ilustraba las redes comerciales y religiosas que unieron China, Manila, México y España a través de estas piezas de seda. Todo ocurrió sin necesidad de abandonar la plaza, en un espacio donde la ciencia dejó de ser algo lejano para convertirse en algo que se podía tocar, experimentar y entender.

La plaza de Alfonso XIII de Santander se transformó el viernes por la tarde en un laboratorio al aire libre. Donde normalmente circulan paseantes y palomas, aparecieron microscopios, drones, catapultas y mantones de seda bordada. Más de trescientos científicos, técnicos y expertos de la Universidad de Cantabria, colegios profesionales y asociaciones se desplegaron por el centro de la ciudad a partir de las cinco de la tarde para mostrar en vivo qué hacen en sus laboratorios, aulas, excavaciones y observatorios. Era la Noche Europea de los Investigadores e Investigadoras, coordinada por la UC, que este año replicó en Santander lo que sucedía simultáneamente en otras cuatrocientas sesenta ciudades europeas del continente.

Sofía del Carmen, investigadora del Grupo de Investigación del Cáncer del Instituto Idival, pasó la tarde explicando a grupos de niños cómo extraer una muestra de la boca, depositarla en una placa y observarla bajo el microscopio. Era un ejercicio simple pero contundente: permitía a los visitantes ver de qué estaban hechos. «De células», precisaba Del Carmen cuando la pregunta asomaba. Para ella y sus colegas, esta clase de encuentro representaba algo más que una actividad de fin de semana. «Nosotros solemos trabajar con muestras, algo ajenos a la calle, y esto supone una oportunidad para adaptarnos y para explicar lo que hacemos. Es divertido y también es muy emocionante», contó a media tarde.

En el expositor del Grupo de Investigación en Transformadores Eléctricos de Potencia, un niño llamado Elian se mantenía de puntillas para ver mejor la maqueta. Sus padres, Andrea y Christian, lo observaban mientras el investigador Ismael Antolín respondía sus preguntas una a una. «Al niño le encantan la ciencia, el universo. Tiene una gran curiosidad y pensamos que este era el sitio ideal para él», explicaban los padres. Carmela Oria, miembro del grupo, veía en estos encuentros algo fundamental: «Esta es una oportunidad para mostrarnos accesibles a los niños, y hacerles ver que la ciencia les puede gustar, que también es entretenida y amigable».

La iniciativa no fue solo cosa de la universidad. Colegios profesionales como los de Fisioterapia, Arquitectura e Ingeniería de Caminos montaron sus propios expositores. La Asociación Española Contra el Cáncer llevó probetas y pipetas para explicar cómo funcionan los modelos de inmunoterapia y para dar a conocer los proyectos que respalda en alianza con institutos como el de Biotecnología y Medicina de Cantabria, el Ibbtec, que alberga grupos especializados en investigación oncológica. Pilar de la Puente, coordinadora de la AECC en Cantabria, celebró la participación: «Estar aquí es una gran oportunidad». En el Colegio de Fisioterapeutas, los visitantes podían probar su fuerza con un dinamómetro, mientras que África Ruiz, vicedecana, explicaba que el objetivo era «promover una vida sana y activa» y dar a conocer una profesión que «hace falta».

El Colegio de Enfermeras y Enfermeros de Cantabria propuso cinco pruebas para ganarse un pasaporte de salud: crear un plato saludable, reconocer el material profesional, realizar un reto de reanimación cardiopulmonar, jugar a los dados saludables o descifrar un código de salud. Raquel Cruz, en representación del colegio, subrayó que la enfermería es también «motor de investigación y docencia», algo que querían mostrar a través de estas actividades.

Entre la catapulta y las otras instalaciones, el Grupo Mundus I+D+i de Historia Moderna había montado un expositor dedicado a los mantones de Manila. La investigadora Miriam Díaz, vestida con uno de color melocotón, invitaba a los visitantes a colocar dragones, rosas y otros adornos de cartón en dos mantones expuestos a ambos lados. La actividad buscaba dar a conocer el proyecto «Redes comerciales y religiosas en el Pacífico Asiático Ibérico», mostrando la conexión histórica entre China, Manila, México y España a través de estas piezas de seda y bordado. Todo sucedía sin necesidad de abandonar la plaza, en un espacio donde la ciencia dejaba de ser algo lejano y se convertía en algo que se podía tocar, experimentar y entender.

Nosotros solemos trabajar con muestras, algo ajenos a la calle, y esto supone una oportunidad para adaptarnos y para explicar lo que hacemos. Es divertido y también es muy emocionante.
— Sofía del Carmen, investigadora del Grupo de Investigación del Cáncer del Instituto Idival
Esta es una oportunidad para mostrarnos accesibles a los niños, y hacerles ver que la ciencia les puede gustar, que también es entretenida y amigable.
— Carmela Oria, investigadora del Grupo de Investigación en Transformadores Eléctricos de Potencia
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