Desde tiempos inmemoriales, las familias han especulado sobre si el orden de llegada al mundo marca el destino intelectual de sus hijos. Una investigación publicada en PNAS, con más de 20.000 participantes de tres países, confirma que los primogénitos obtienen puntuaciones ligeramente superiores en pruebas de inteligencia, pero la diferencia es tan pequeña que la ciencia no puede usarla para predecir las capacidades de ninguna persona. La inteligencia, como la vida misma, es el resultado de una trama mucho más vasta que el simple momento del nacimiento.