Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han buscado explicaciones para una injusticia cotidiana: por qué los mosquitos eligen a unos y perdonan a otros. La ciencia, con la paciencia que le es propia, comienza a revelar que la respuesta no reside en mitos como la 'sangre dulce', sino en la química silenciosa que cada cuerpo emite sin saberlo. Investigadores de la Universidad Rockefeller han identificado que los ácidos carboxílicos presentes en el olor de la piel son un factor determinante en la atracción que ciertos individuos ejercen sobre el Aedes aegypti, mosquito vector de enfermedade