Desde los cajones llenos de cables olvidados hasta los armarios con ropa que ya no se usa, la acumulación de objetos inútiles no responde al amor ni a la nostalgia, sino a un mecanismo de defensa profundamente humano. Un experimento clásico de economía conductual, realizado en 1991 por Kahneman, Knetsch y Thaler, demostró que el simple acto de poseer algo activa en el cerebro una aversión a la pérdida cuyo dolor es el doble de intenso que el placer de adquirir ese mismo objeto. No guardamos las cosas porque las queremos: las guardamos porque soltarlas se siente como una herida.