En Budapest, investigadores de la Universidad Eötvös Loránd han confirmado lo que muchos tutores intuyen sin poder nombrarlo: el vínculo entre un perro y la persona que lo cuida no es una línea fija, sino una curva que se eleva con el paso de los años. Estudiando a 222 perros de distintas edades y razas, la ciencia ha documentado que el apego se intensifica significativamente después de los siete años, cuando la vulnerabilidad física convierte la cercanía emocional en una necesidad más profunda. El hallazgo nos recuerda que cuidar a un ser que envejece no es solo atender su cuerpo, sino sosten