Durante más de un siglo, la cifra de ocho horas de sueño ha funcionado como un mandato biológico incuestionable, repetido en consultorios y aplicaciones de bienestar por igual. Sin embargo, una revisión científica reciente revela que las sociedades preindustriales dormían regularmente menos de siete horas, desafiando la idea de que ese número tiene raíces en la naturaleza humana. Lo que emerge no es una crisis del sueño moderno, sino una invitación a reconocer que el descanso, como tantas otras dimensiones de la vida, es profundamente variable y resistente a las cifras universales.
La ciencia derriba el mito de las 8 horas: dormir menos no es siempre enfermedad
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