Durante generaciones, la medicina repitió un mandato simple: termina siempre el antibiótico. Hoy, más de 120 ensayos clínicos acumulados desafían esa certeza, revelando que para muchas infecciones bacterianas los tratamientos cortos son igual de eficaces y, además, reducen los daños colaterales sobre el propio paciente y sobre la salud colectiva. Este giro científico no invita a la improvisación individual, sino a una medicina más precisa: la duración justa, determinada por el médico, para cada infección concreta.