En el corazón de la arquitectura financiera europea, la sucesión en la presidencia del Banco Central Europeo ha comenzado sin que nadie lo haya anunciado formalmente. Los candidatos potenciales orbitan alrededor de un proceso que aún no tiene forma ni calendario, mientras los gobiernos del continente negocian en privado quién deberá guiar la política monetaria de cientos de millones de ciudadanos. Es el tipo de transición que recuerda que las instituciones más poderosas a menudo se transforman en los espacios menos visibles.