La carrera por la IA amenaza con inflar una burbuja de sobreinversión

Una burbuja puede estallar sin que nada desaparezca
Reflexión sobre cómo la IA podría generar una burbuja de inversión incluso si la tecnología funciona y las empresas siguen siendo rentables.
Mark

¿Por qué una empresa que genera enormes beneficios puede estar en el centro de una burbuja?

Mimi

Porque una burbuja no es solo sobre si algo funciona o no. Es sobre si el precio que se paga por ello es racional. Una empresa puede ser rentable y aun así estar sobrecapitalizada si el mercado está pagando por expectativas futuras que nunca se materializarán.

Mark

Pero estas compañías no son como las puntocom. Tienen ingresos reales.

Mimi

Exacto. Por eso es más peligroso. Si fuera evidente que no funcionan, nadie invertiría. El peligro es que funcionan, pero que todas están construyendo más capacidad de la que el mercado puede absorber. Cuando eso sucede, los precios caen, y con ellos, la rentabilidad.

Mark

¿Qué señal indicaría que estamos en problemas?

Mimi

Que la inversión continúe aumentando mientras los ingresos pierden ritmo. Que los precios de la capacidad informática bajen. Que algunos proyectos tarden más de lo previsto en ser rentables. No necesita ser un colapso dramático.

Mark

¿Las grandes tecnológicas tienen un problema de solvencia ahora?

Mimi

No. Sus balances son sólidos y siguen generando enormes beneficios. Pero depender cada vez más del endeudamiento aumenta el peligro de que, si algo falla, el problema se traslade a otras industrias. El ecosistema de la IA es cada vez más complejo, con inversiones cruzadas entre fabricantes de chips, grandes tecnológicas y compañías de IA.

Mark

¿Quién sufriría más si esto estalla?

Mimi

Las empresas que dependen únicamente de la IA, como OpenAI, xAI o Anthropic. No tienen manera de integrar la IA en otros productos. Para los hiperescaladores como Microsoft o Amazon, es importante que sea rentable. Para estas otras, es cuestión de vida o muerte.

Mark

¿Y los inversores minoristas?

Mimi

Están concentrando dinero en las mismas diez empresas sin ser conscientes, a través de fondos indexados. Si hay una corrección, esos fondos podrían verse obligados a vender activos en cascada, presionando todavía más las cotizaciones.

  • Meta, Microsoft y Amazon planean gastar entre 130.000 y 220.000 millones de dólares en 2026, duplicando en algunos casos lo invertido el año anterior, en una carrera donde frenar equivale a rendirse.
  • El gasto ya supera lo que las propias empresas generan en caja: las emisiones de deuda de los grandes hiperescaladores superaron los 100.000 millones de dólares en 2025, convirtiendo el endeudamiento en el motor silencioso de la expansión.
  • Analistas advierten que si toda esa infraestructura llega al mercado a la vez, el exceso de oferta hundirá los precios de la capacidad computacional antes de que las inversiones puedan recuperarse.
  • Millones de pequeños inversores, sin saberlo del todo, concentran sus ahorros en las mismas diez empresas a través de fondos indexados, creando un riesgo sistémico que los reguladores europeos ya cifran en 440.000 millones de euros de exposición.
  • El escenario más temido no es el colapso de la IA, sino algo más sutil: que los precios caigan, los plazos se alarguen y los inversores dejen de aceptar promesas de rentabilidad futura como moneda de cambio.

En el corazón de la revolución de la inteligencia artificial se libra una carrera de inversión sin precedentes, donde las mayores tecnológicas del mundo comprometen cientos de miles de millones de dólares en infraestructura, financiadas cada vez más con deuda. La historia recuerda que las transformaciones tecnológicas genuinas y las burbujas especulativas no son mutuamente excluyentes: el ferrocarril cambió el mundo y también arruinó a miles de inversores. Hoy, la pregunta no es si la IA importa, sino si el capital que fluye hacia ella encontrará alguna vez el camino de regreso.

La inteligencia artificial promete transformar el mundo, y nadie lo discute. Pero después de cuatro años de inversión frenética, economistas e inversores advierten sobre algo más incómodo: que la euforia podría estar construyendo una burbuja. La paradoja es que ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

A diferencia de la burbuja puntocom, las empresas que lideran esta carrera —Microsoft, Google, Amazon, Meta— son algunas de las más rentables del planeta. El problema no es que no ganen dinero. El problema es que podrían estar gastando más del que jamás recuperarán. Como explica el analista Javier Cabrera, una burbuja no necesita que las empresas desaparezcan: basta con que los precios de la capacidad computacional caigan, que los proyectos tarden más en ser rentables, o que los inversores dejen de aceptar cualquier gasto a cambio de promesas futuras.

Lo que ocurre es una carrera de brazos en la que nadie quiere frenar. Cada empresa tiene razones lógicas para invertir: no puede permitirse perder terreno. Pero en conjunto, todas esas inversiones generan demasiada capacidad. Si esa infraestructura entra al mercado simultáneamente, la oferta se dispara, los precios caen y la rentabilidad se desvanece. Para sostener el ritmo, las tecnológicas recurren cada vez más a la deuda: las emisiones de los grandes hiperescaladores superaron los 100.000 millones de dólares en 2025. Oracle, por ejemplo, desembolsó 23.700 millones más de los que generó en caja y levantó otros 43.000 millones mediante deuda.

Hay un riesgo adicional que preocupa a los reguladores: la concentración. Las diez mayores empresas representan ya cerca del 28% del índice MSCI World, frente al 9% de 2014. Millones de inversores minoristas acumulan exposición a estas mismas compañías a través de fondos indexados, muchas veces sin ser plenamente conscientes de ello. El Banco Central Europeo estima que los hogares europeos mantienen unos 440.000 millones de euros invertidos en tecnológicas estadounidenses. Una corrección brusca podría obligar a esos fondos a vender en cascada, amplificando las pérdidas a través de todo el sistema financiero. El riesgo no es solo individual: es sistémico.

La inteligencia artificial promete transformar el mundo. Nadie lo discute. Pero después de cuatro años de una carrera frenética por dominar la próxima revolución tecnológica, inversores y economistas advierten sobre algo más incómodo: que la euforia podría estar inflando una burbuja que, en algún momento, estallará. Y aquí está la paradoja: ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

La comparación más frecuente es con la burbuja de las puntocom de finales de los noventa, cuando cientos de empresas sin ingresos ni beneficios alcanzaron valoraciones astronómicas antes de desaparecer. Pero esta vez es diferente en un aspecto crucial: las compañías que lideran la carrera por la IA—Microsoft, Google, Amazon, Meta—son algunas de las más rentables del planeta. Generan dinero en abundancia. El problema no es que no tengan ganancias. El problema es que podrían estar gastando más dinero del que jamás podrán recuperar.

Javier Cabrera, analista de XTB, lo explica así: una burbuja no requiere que las empresas desaparezcan o que sus productos fracasen. ChatGPT no tiene que esfumarse. Los centros de datos no tienen que quedarse vacíos de la noche a la mañana. Basta con que los precios de la capacidad informática caigan, que algunos proyectos tarden más de lo previsto en ser rentables, que los chips envejezcan antes de recuperar su costo, o que los inversores simplemente dejen de aceptar cualquier gasto con la promesa de beneficios futuros. Una burbuja puede estallar sin que nada desaparezca.

Lo que está sucediendo ahora es una carrera de brazos tecnológica donde nadie quiere frenar. Microsoft sabe que Google seguirá invirtiendo en IA. Google sabe que Amazon hará lo mismo. Meta no puede quedarse atrás. Cada empresa, por separado, tiene razones perfectamente lógicas para invertir miles de millones: no pueden permitirse perder terreno en un negocio del que podría depender buena parte de sus ingresos futuros. Pero en conjunto, todas esas inversiones crean demasiada capacidad. Meta planea invertir entre 130.000 y 145.000 millones de dólares este año, prácticamente el doble de lo que gastó en 2025. Microsoft calcula un gasto de unos 190.000 millones en 2026. Amazon ha elevado su previsión hasta los 220.000 millones. Todas están comprando chips y construyendo centros de datos en un momento en que esos componentes son caros. Si toda esa infraestructura entra en el mercado simultáneamente, la oferta se dispara, los precios caen, y con ellos, la rentabilidad de las inversiones.

Hasta hace poco, estas empresas podían financiar ese esfuerzo con el dinero que generaban. Pero eso está cambiando. A medida que el gasto supera los niveles normales de inversión, también ha aumentado la financiación externa. Las emisiones de deuda de los grandes hiperescaladores superaron los 100.000 millones de dólares en 2025. Oracle es un ejemplo revelador: aunque siguió generando mucho dinero con su negocio, el gasto en infraestructura fue tan elevado que terminó desembolsando 23.700 millones de dólares más de los que generó en caja. La compañía levantó además 43.000 millones de dólares mediante deuda. El endeudamiento funciona mientras las inversiones mantengan rentabilidades elevadas, pero puede amplificar las pérdidas si la demanda decepciona y obliga a bajar precios. El riesgo es más elevado en sectores con activos difíciles de reutilizar, como los centros de datos.

Hay un riesgo adicional que preocupa a los reguladores: la concentración. Las diez mayores empresas concentran ya cerca del 28% del índice MSCI World, frente al 9% que suponían en 2014. Millones de inversores minoristas están concentrando dinero en las mismas empresas sin ser del todo conscientes, a través de fondos indexados y ETF de bajo coste. El Banco Central Europeo calcula que los hogares de la zona euro mantienen alrededor de 440.000 millones de euros de exposición a las tecnológicas estadounidenses. Si hay una corrección brusca, esos fondos podrían verse obligados a vender activos para devolver dinero a sus clientes, presionando todavía más las cotizaciones y provocando nuevas ventas en cascada. El riesgo no está solo en la pérdida que asuma cada inversor. Está en cómo esa pérdida podría transmitirse a través del sistema financiero.

Una burbuja viene de pagar demasiado por algo. Podríamos vivir una burbuja en empresas que generan grandes cantidades de caja, pero que el mercado sobrepaga por las expectativas futuras
— Javier Cabrera, analista de XTB
Para los hiperescaladores la inversión en IA sea rentable es muy importante, pero para las OpenAI, xAI o Anthropic es cuestión de vida o muerte
— Javier Cabrera, analista de XTB
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