En el corazón de la revolución de la inteligencia artificial se libra una carrera de inversión sin precedentes, donde las mayores tecnológicas del mundo comprometen cientos de miles de millones de dólares en infraestructura, financiadas cada vez más con deuda. La historia recuerda que las transformaciones tecnológicas genuinas y las burbujas especulativas no son mutuamente excluyentes: el ferrocarril cambió el mundo y también arruinó a miles de inversores. Hoy, la pregunta no es si la IA importa, sino si el capital que fluye hacia ella encontrará alguna vez el camino de regreso.