En los mercados bursátiles españoles, la carrera global por la inteligencia artificial está dibujando un paisaje de contradicciones: lo que para unos inversores representa una amenaza especulativa, para otros es una puerta de entrada a oportunidades históricas. El Ibex 35 se convierte así en un espejo de una tensión más profunda que atraviesa la economía mundial, donde el miedo y la ambición compiten por definir el valor de las empresas en una era de transformación tecnológica sin precedentes. La volatilidad no es ruido, sino el sonido de un mundo que aún no sabe cómo medir el futuro.