En los pasillos de Naciones Unidas, donde el poder se negocia en susurros antes de expresarse en votos, la candidatura del diplomático argentino Rafael Grossi a la secretaría general revela cuánto pesan hoy la geografía, el género y la geopolítica en la elección del custodio máximo del orden multilateral. Grossi, al frente del OIEA, acumula credenciales técnicas de peso, pero dos rondas de votación en el Consejo de Seguridad muestran una erosión preocupante de apoyos, mientras Rusia lo señala públicamente y las candidatas mujeres ganan terreno en una carrera donde la historia parece inclinar l