La calidad del café transforma negocios hosteleros tras décadas de automatismos

La calidad acaba por imponerse, aunque sea cuestión de hábito
Ane Forteza, directora de Formentor, sobre la aceptación del nuevo café entre clientes habituales.
Mark

¿Por qué un cambio de marca de café en una pastelería con setenta años de historia es noticia? ¿No es solo un detalle operativo?

Mimi

Porque representa un cambio de mentalidad más profundo. Formentor decidió que la calidad en una cosa exigía calidad en todo. No es un detalle; es coherencia.

Luke

Pero ¿cuánto de ese cambio es real y cuánto es marketing de Saula? El artículo dice que la respuesta fue mayoritariamente positiva, pero ¿cuántos clientes realmente lo notaron? ¿Hay datos de retención o aumento de ventas?

Mark

Villanueva dice que la resistencia al cambio es el problema principal. ¿Qué tan extendida está esa resistencia? ¿Estamos hablando de la mayoría de bares o de casos puntuales?

Mimi

Villanueva lleva cuatro años formando con Saula y aún encuentra nudos. Dice que cada vez son menos, pero existen. Algunos hosteleros simplemente no ven el café como algo que merezca atención.

Luke

Eso es una observación anecdótica de un formador de una marca. No sabemos cuál es la proporción real de hosteleros que resisten versus los que ya han cambiado. El artículo no ofrece cifras sobre adopción.

Mark

¿Cuál es el incentivo económico real para un hostelero? ¿Vende más café si es mejor?

Mimi

Villanueva señala que la diferencia de precio entre un café premium y uno convencional es mínima. Eso significa que el margen de ganancia podría ser similar o mejor, pero con un producto diferenciado que atrae a clientes más exigentes.

Luke

Pero el artículo no dice nada sobre márgenes, sobre cuánto cuesta el café premium versus el convencional, ni sobre si Formentor ha visto un aumento en ventas. Sabemos que la respuesta fue positiva, pero eso es cualitativo, no cuantitativo.

Mark

Saula proyecta cien millones de euros en 2027. ¿Eso es ambicioso o realista?

Mimi

Peña dice que podría lograrse antes. En siete años han duplicado el valor del negocio cafetero. El crecimiento es evidente, y la expansión a nuevas regiones sugiere confianza.

Luke

Eso es una proyección interna de Pascual. No hay validación externa. Y duplicar en siete años no es lo mismo que alcanzar cien millones. Necesitaríamos saber cuál era el punto de partida para evaluar si cien millones es realista o aspiracional.

Mark

¿Qué tan importante es la formación en todo esto? ¿Es el verdadero diferenciador?

Mimi

Parece serlo. Formentor eligió Saula específicamente por la formación presencial, el seguimiento constante, la sustitución de maquinaria. No fue solo por el café; fue por el ecosistema de apoyo.

Luke

Pero ¿cuánto de eso es replicable? ¿Cuántos hosteleros pueden permitirse ese nivel de formación y seguimiento? El artículo sugiere que Saula es premium, lo que implica que no todos pueden acceder a ello.

  • Décadas de automatismo han dejado al café español rezagado frente a consumidores que ahora exigen conocer el origen, la calidad y la elaboración de lo que beben.
  • La resistencia de muchos hosteleros a cambiar sus hábitos sigue siendo el principal obstáculo: algunos aún tratan el café como un producto secundario, invisible frente a la cocina o la carta de vinos.
  • Café Saula despliega un equipo de siete formadores por todo el país para enseñar desde la molienda y la temperatura hasta la limpieza de la máquina, convirtiendo cada local en un eslabón de una cadena de calidad controlada.
  • Los números respaldan el movimiento: el valor del negocio cafetero de Pascual se ha duplicado en siete años, y la meta de cien millones de euros para 2027 podría alcanzarse antes de lo previsto.
  • El argumento económico es contundente: la diferencia de coste entre un café premium y uno convencional es mínima, eliminando la excusa de precio y acelerando la profesionalización del sector.

En la hostelería española, el café atraviesa un momento de redención silenciosa: lo que durante décadas fue un gesto mecánico —pulsar un botón, servir una taza— comienza a reconocerse como un acto de cocina que exige conocimiento y compromiso. Marcas como Café Saula, respaldadas por el Grupo Pascual, lideran esta transformación formando a hosteleros en toda la cadena del proceso, desde el origen del grano hasta la temperatura exacta de extracción. La historia de Formentor, pastelería madrileña de tercera generación, ilustra cómo un cambio aparentemente menor puede revelar una filosofía de negocio más profunda: la coherencia entre lo que se ofrece y los valores que se dicen sostener.

Hace setenta años, una pareja mallorquina abrió en Madrid una pastelería llamada Formentor. Hoy, bajo la dirección de Ane Forteza, tercera generación de la familia, el local sigue vivo en Chamberí y Salamanca. Hace poco más de tres meses, Forteza tomó una decisión que parecía menor y resultó transformadora: cambió de marca de café. Eligió Café Saula, la marca premium del Grupo Pascual, y con ella llegó algo más valioso que el producto mismo: formación presencial, seguimiento constante y la promesa de que cada taza sería idéntica a la anterior.

Esta historia es síntoma de un movimiento más amplio. Raúl Villanueva, barista y formador de Saula con dos décadas en el sector, lo resume con claridad: el primer paso no es comprar mejor café, sino convencer a los hosteleros de que cambien la forma en que lo preparan. Preparar un café, insiste, es cocinar. Cada variable —molienda, dosis, temperatura, agua, tiempo— altera el resultado final. La resistencia existe, pero cede.

Saula nació a finales de los años cincuenta en Cataluña apostando por el arábica cuando el mercado prefería cafés amargos y robustos. Su proceso es obsesivo: selección de origen, tueste lento, conservación en lata con válvulas unidireccionales, y tres o cuatro semanas de maduración antes de llegar al mercado. Cuando el Grupo Pascual adquirió la marca, lo hizo porque ambas empresas compartían una misma filosofía de cuidado extremo. Desde entonces, el negocio cafetero de Pascual ha duplicado su valor en siete años y supera los trescientos empleados.

En Formentor, quien ejecuta esta precisión es Andrés Vidarte, barista colombiano de treinta años nacido en una zona cafetera. En las formaciones de Saula aprendió detalles que le sorprendieron: cómo colocar las tazas para calentar la base y no el borde, la cantidad exacta de agua, la limpieza minuciosa y frecuente. Trabaja con dos máquinas que controlan dosis, tiempo de extracción y temperatura. La respuesta de los clientes ha sido mayoritariamente positiva. Forteza no se inquieta por quienes aún no se adaptan: la calidad, dice, acaba por imponerse. El café dejó de ser un botón que pulsar para convertirse en lo que siempre debería haber sido: una receta que exige atención, conocimiento y el compromiso de quien la prepara de probarla.

Hace setenta años, una pareja mallorquina abrió en Madrid una pastelería llamada Formentor, trayendo consigo el aroma de las ensaimadas recién horneadas. Hoy, bajo la dirección de Ane Forteza, tercera generación de la familia, el local sigue en pie en dos ubicaciones: una en Chamberí y otra acristalada en Salamanca. Pero hace poco más de tres meses, en julio, Forteza tomó una decisión que parecía simple y resultó transformadora. Cambió de marca de café.

No fue un gesto menor. Muchos clientes habituales le habían dicho durante años que venían precisamente por el sabor del café que servían. Sin embargo, Forteza vio algo que sus clientes quizá no verbalizaban: que una empresa comprometida con la calidad en sus ensaimadas no podía permitirse mediocridadades en la bebida que las acompañaba. El cambio llegó cuando eligieron Café Saula, la marca premium del Grupo Pascual, y con ella vino algo más valioso que el producto mismo: formación presencial, seguimiento constante, y la promesa de que cada taza sería idéntica a la anterior.

Esta transformación en Formentor es síntoma de un movimiento más amplio que recorre la hostelería española. Después de décadas en las que el café fue tratado como un automatismo—pulsa el botón, sale el café—, cada vez más bares y cafeterías están descubriendo que la calidad de esta bebida puede ser un diferenciador de negocio. Raúl Villanueva, barista y formador de Saula con dos décadas en el sector, lo resume así: el primer paso no es comprar mejor café, sino convencer a los hosteleros de que cambien la forma en que lo preparan. La resistencia es real. Algunos aún ven el café como un producto secundario, algo que no merece la atención que dedican a la cocina, el vino o la cerveza. Pero Villanueva insiste: preparar un café es cocinar. Cada variable—molienda, dosis, temperatura, agua, tiempo—altera el resultado final.

La marca Saula, fundada a finales de los años cincuenta en Cataluña por Lluís Saula, nació de una intuición contraria a la tendencia del mercado. Mientras la mayoría ofrecía cafés amargos y robustos, Saula apostó por el arábica: más aromático, más complejo, más delicado. El proceso es obsesivo. Seleccionan el origen, la altura de cultivo, el tamaño del grano, el procesamiento. El tueste es lento y controlado. La conservación ocurre en lata con válvulas unidireccionales que dejan escapar gases sin permitir la entrada de oxígeno. Tres o cuatro semanas de maduración antes de llegar al mercado. Javier Peña, director general de Café del Grupo Pascual, compara el grano con una cereza: una vez recolectado, hay que separar correctamente la pulpa exterior para evitar que la fermentación incontrolada dañe lo que viene dentro.

Cuando Pascual adquirió Saula hace un par de años, lo hizo porque ambas empresas compartían una filosofía: el cuidado extremo. El objetivo era expandir. A principios de 2026 llegó a Madrid. Este verano, a Galicia, Asturias y Cantabria. Los números hablan de un crecimiento significativo: en siete años, el valor del negocio cafetero dentro de Pascual se ha duplicado. Peña reconoce que el objetivo inicial era alcanzar cien millones de euros en café para 2027, pero podría lograrse antes. Hoy, la vertical de café supera los trescientos empleados, ochenta de ellos en Saula.

Pero la expansión tiene una condición: solo trabajan con establecimientos que se comprometan a tratar bien el producto. Saula mantiene un equipo de siete formadores que recorren locales del país. Villanueva y sus colegas enseñan desde la materia prima hasta el funcionamiento de la maquinaria, la texturización de la leche, la importancia de la limpieza. En Formentor, quien ejecuta esta precisión es Andrés Vidarte, barista de treinta años nacido en una zona cafetera de Colombia. Vidarte aprendió en las formaciones de Saula detalles que le sorprendieron: cómo colocar las tazas boca arriba para que se caliente la base y no el borde donde descansan los labios; la cantidad exacta de agua; la limpieza minuciosa y frecuente. Ahora sabe que cualquier resto puede influir en el sabor. Trabaja con dos máquinas: una con la dosis exacta de café programada, otra que controla el tiempo de extracción—unos veinticinco segundos—y la cantidad de bebida que debe salir. La cafetera debe alcanzar y mantener aproximadamente ciento dieciséis grados centígrados.

La respuesta de los clientes en Formentor ha sido mayoritariamente positiva. Algunos notaron que el café era más suave, menos tostado. Forteza no se preocupa por quienes aún no se adaptan: es cuestión de hábito, dice, y la calidad acaba por imponerse. Villanueva, por su parte, percibe que los consumidores se preocupan cada vez más por lo que consumen. Quieren saber el origen, la calidad, la elaboración. Y aquí está el factor económico que acelera el cambio: la diferencia de precio entre un café de alta calidad y uno convencional es ridícula. No hay excusa para la mediocridad. El paradigma ha cambiado gracias a la profesionalización del sector, al trabajo pedagógico de tostadores, baristas y marcas. Aún hay nudos, aún hay resistencia, pero cada vez son menos. El café dejó de ser un botón que pulsar. Es ahora lo que siempre debería haber sido: una receta que requiere atención, conocimiento, y el compromiso de quien la prepara de probarla.

El primer paso es convencer a los hosteleros de que cambien su forma de prepararlo
— Raúl Villanueva, barista y formador de Café Saula
Preparar un café es cocinar. Cualquier cambio en molienda, dosis, temperatura, agua o tiempo altera el resultado final
— Raúl Villanueva
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