En un momento en que la biología y la tecnología convergen para producir medicamentos de una fragilidad sin precedentes, la industria farmacéutica mexicana está abandonando la confianza tácita por la certeza documentada. La cadena de frío —ese corredor invisible que une laboratorio y paciente— ya no puede sostenerse sobre la experiencia acumulada: exige ahora ingeniería rigurosa, validación térmica y evidencia objetiva en cada eslabón. Es el tránsito, viejo como la ciencia misma, de lo que creemos que funciona hacia lo que podemos demostrar que funciona.