En el espacio que separa la admiración del escrutinio, Graham Farmelo ha construido un retrato de Stephen Hawking que la comunidad científica tardó años en permitirse contemplar. Su biografía autorizada no niega la grandeza del físico británico, sino que interroga el silencio colectivo que protegió sus comportamientos más dañinos: el narcisismo, el sexismo y el control obsesivo sobre su propia imagen. Lo que emerge no es solo la historia de un hombre, sino la de una sociedad que confundió la vulnerabilidad física con la inocencia moral.