En la larga historia de la vida vegetal, no siempre son las adaptaciones más vistosas las que abren nuevos mundos. Un equipo de la Universidad de Michigan ha documentado cómo la betalaína, el pigmento rojo que tiñe la remolacha, actuó como llave silenciosa que permitió a miles de especies del grupo Caryophyllales colonizar los desiertos del planeta hace millones de años. El hallazgo nos recuerda que las grandes transformaciones evolutivas suelen comenzar en lo invisible: un compuesto discreto que prepara el terreno antes de que florezcan los cambios que la historia recordará.