Entre la banca minorista y la banca privada existe un territorio sin nombre claro: el de los ahorradores españoles con patrimonios de entre 100.000 y 500.000 euros, demasiado exigentes para ser tratados como clientes ordinarios y demasiado numerosos para recibir atención de alto coste. Las grandes entidades —Sabadell, BBVA, Santander— llevan años rediseñando sus estrategias para este segmento sin encontrar una respuesta duradera, mientras actores digitales y extranjeros observan el hueco con creciente apetito. La pregunta que subyace no es solo de negocio, sino de identidad: ¿qué le debe un ba