La apuesta de Blackstone por chips de IA impulsa un auge de deuda que transforma el crédito global

Primero preguntaron qué era una GPU; hoy el mercado ronda el billón
Blackstone lideró en 2023 el préstamo de US$2.300 millones a CoreWeave que abrió este mercado.
Mark

Empecemos por lo básico: ¿por qué financiar chips es distinto de financiar centros de datos?

Mimi

Porque el chip cuesta de dos a cuatro veces más y se deprecia en cinco a seis años. En el ejemplo de Nscale, las GPU suman US$47.000 millones frente a US$18.000 millones del centro de datos.

Mark

¿Y cómo se protegen los prestamistas de esa depreciación?

Mimi

Alinean el vencimiento de la deuda con esos cinco o seis años y la respaldan con los pagos del cliente y con el valor de los chips, dentro de un vehículo aislado.

Luke

Ojo: que el mercado "se encamine" a US$1 billón es una proyección, no una cifra ya colocada. Lo mismo vale para los US$3 billones de JPMorgan hasta 2030.

Mark

¿Qué cambia con las garantías de Broadcom y Nvidia?

Mimi

La deuda toma la calificación de grado de inversión del fabricante, baja el costo y abre la puerta a las aseguradoras.

Luke

Y los propios fabricantes dicen que el riesgo es limitado, pero no explican por qué en este texto. Declinaron comentar, así que esa tesis queda sin verificar.

Mark

Fitch habla de concentración de riesgo. ¿Es una predicción?

Luke

Es una advertencia condicional: si la IA decepciona. No hay evidencia aún de que ocurra.

Mimi

Lo que sí consta es la caída de acciones y bonos de CoreWeave y las trabas en Texas y Nuevo México.

Mark

¿Y la analogía con el Model T?

Luke

Es la visión de Watson, que financia estos proyectos. Es un argumento, no un dato.

  • La deuda para chips de IA ya supera el endeudamiento destinado a construir los centros de datos que los alojan, y el mercado avanza hacia US$1 billón.
  • Bancos y gestoras se alinean con Broadcom y Nvidia, cuyas garantías acercan estos vehículos al grado de inversión y abaratan el costo del dinero.
  • Los chips se deprecian en cinco a seis años, mientras los contratos y vencimientos deben calzar con ese reloj, en vehículos aislados fuera del balance.
  • CoreWeave ve caer sus acciones y bonos, Texas frena centros de datos y Fitch advierte que un desengaño de la IA podría propagar el riesgo en cadena.

Cuando una empresa desconocida de computación para inteligencia artificial necesitó dinero para comprar chips, un préstamo privado de US$2.300 millones liderado por Blackstone en 2023 abrió un camino que hoy parece volverse un océano. El financiamiento de chips mediante deuda se encamina a US$1 billón, y con él se mezclan la fe en una tecnología que aún busca su rentabilidad y la vieja tentación de convertir promesas futuras en capital presente. Como tantas veces en la historia de las finanzas, la pregunta de fondo no es cuánto se presta, sino si el porvenir que se anticipa llegará a tiempo para pagar lo prestado.

Cuando CoreWeave era apenas una empresa desconocida de nube para inteligencia artificial, buscaba dinero para comprar chips. Los ejecutivos de Blackstone le hicieron preguntas básicas sobre qué era una GPU y si la IA era real. Convencidos, lideraron en 2023 un préstamo privado de US$2.300 millones, el primer gran acuerdo de ese tipo.

Tres años después, ese préstamo se volvió modelo de un mercado que se encamina a US$1 billón y ya supera la deuda para construir los centros de datos. Participan casi todos los grandes bancos y gestoras, con el respaldo de Broadcom y Nvidia. Las operaciones en curso son enormes: Broadcom negocia US$60.000 millones para que una entidad compre TPU y se los alquile a Anthropic, y SpaceX busca US$40.000 millones para chips de Nvidia.

La razón es aritmética. Los chips cuestan dos a cuatro veces más que los centros de datos y pierden valor en cinco o seis años. Gigantes como Google o Meta pagan en efectivo, pero OpenAI, Anthropic y los neoclouds no tienen esas reservas. La industria respondió con vehículos especiales aislados, que compran y poseen los chips y se pagan con los flujos de los clientes y con el valor de los equipos. Las garantías de los fabricantes elevan la calificación de esa deuda y permiten atraer aseguradoras.

CoreWeave, nacida como minera de criptomonedas, siguió el modelo del gas natural licuado: firmar contratos primero y luego pedir préstamos. Su primer crédito costó tasas de dos dígitos; tras captar US$8.500 millones con contratos de Meta, bajó cerca del 6%.

Los riesgos crecen. Las acciones y bonos de CoreWeave cayeron, Texas impuso una moratoria local a nuevos centros de datos y Fitch advierte que la concentración del riesgo podría provocar efectos en cadena si la IA decepciona. Quienes apuestan sostienen que el gasto ya está comprometido y que la escasez de chips sostiene los precios. La pregunta que queda abierta es si la rentabilidad llegará antes que los vencimientos.

Cuando CoreWeave todavía era una empresa poco conocida de computación en la nube para inteligencia artificial y buscaba dinero para comprar chips, los ejecutivos de Blackstone le hicieron dos preguntas a su dirección: qué era una GPU y si la inteligencia artificial era real. Las respuestas convencieron al grupo de oportunidades tácticas de la gestora, que lideró en 2023 un préstamo de crédito privado por US$2.300 millones. Fue el primer gran acuerdo de este tipo.

Tres años después, aquel préstamo se convirtió en modelo para el financiamiento respaldado por chips, un mercado que se encamina a los US$1 billón y que ya supera el endeudamiento destinado a construir los centros de datos que alojan esos equipos. Casi todos los grandes bancos estadounidenses y gestores de activos alternativos participan, con el respaldo de Broadcom y Nvidia, cuya capitalización conjunta ronda los US$7 billones.

Las operaciones en marcha dan la medida. Broadcom trabaja con firmas de Wall Street en una deuda de US$60.000 millones para una entidad especial que compraría TPU y se las alquilaría a Anthropic. SpaceX negocia captar US$40.000 millones para comprar chips de Nvidia, que a su vez anunció una alianza de US$500.000 millones con seis grandes entidades financieras para ayudar a sus clientes a adquirir GPU. Los analistas de JPMorgan prevén que el gasto en chips podría superar los US$3 billones hasta 2030, en su mayoría financiado con deuda.

La razón es de aritmética. Los chips cuestan entre dos y cuatro veces más que los centros de datos y se deprecian en cinco a seis años. En el proyecto principal de Nscale en Virginia Occidental, la planta eléctrica costaría US$6.500 millones, el centro de datos y su equipamiento US$18.000 millones y las GPU US$47.000 millones. Google, Microsoft, Amazon y Meta pagan con efectivo o bonos baratos, pero OpenAI, Anthropic y los neoclouds no tienen esas reservas ni ese acceso. Mike Liberatore, de OpenAI, dijo que no existe un manual para pasar de cero a la inteligencia artificial general con medios tradicionales.

La industria adaptó entonces el financiamiento de proyectos y las finanzas estructuradas. Un vehículo de propósito especial aísla cada operación, toma prestado para comprar y poseer los chips, y a menudo mantiene la deuda fuera del balance corporativo. Se paga con los flujos del cliente previsto y con el valor de los chips, y su vencimiento se alinea con la depreciación de cinco a seis años. Broadcom y Nvidia van más lejos: ofrecen garantías y se comprometen a respaldar a los prestamistas, lo que acerca la calificación de la deuda al grado de inversión del fabricante y abarata el costo. Ese grado es clave para acceder al dinero de las aseguradoras. Ambas compañías declinaron comentar, aunque sus ejecutivos han dicho que ven limitados los riesgos.

CoreWeave, fundada en 2017 como minera de criptomonedas, replicó un modelo del gas natural licuado: primero se firman contratos con clientes y luego se usan para obtener deuda. Su primer préstamo, respaldado por Microsoft, le costó tasas de dos dígitos, en torno a la mitad de la franja del 10% al 20%. Brannin McBee, cofundador, lo recordó como la debida diligencia más difícil de su vida. En marzo captó US$8.500 millones con contratos de Meta y su costo bajó a cerca del 6%. xAI siguió el camino con un vehículo para Colossus 2, con casi US$11.000 millones en deuda de Apollo.

Los riesgos no son menores. Las acciones y bonos de CoreWeave cayeron con fuerza en las últimas semanas mientras los inversores dudan de que los ingresos de la IA justifiquen el gasto. Texas aplicó una moratoria a nuevos centros de datos por oposición local, Oracle postergó pagos de un proyecto en Nuevo México y OpenAI y Anthropic evalúan un despliegue más gradual tras incidentes con sistemas de IA. Jason Pompeii, de Fitch, advirtió que el financiamiento de proveedores concentra el riesgo y podría provocar efectos en cadena si la IA decepciona. Además, la avalancha podría encarecer el crédito para otros sectores con tasas al alza.

Quienes apuestan tienen argumentos. Gran parte del gasto está comprometido en megaproyectos en construcción, los proveedores casi no tienen existencias y los fabricantes de servidores con chips de Nvidia avisaron en agosto de alzas de más de 15% en muchos casos. John Watson, de Blackstone, compara el momento con el Ford Model T y el financiamiento automotor. Lo que haya que vigilar es si la rentabilidad de la IA llega antes que los vencimientos.

Estamos viendo financiamiento de proveedores a una escala que nunca habíamos visto, y de una manera que concentra el riesgo.
— Jason Pompeii, director sénior de Fitch Ratings
Fue el proceso de debida diligencia más difícil que hice en mi vida.
— Brannin McBee, cofundador de CoreWeave
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