La apatridia saharaui: cuatro vías de daño a la salud de una población sin Estado

Tasas extremadamente elevadas de malnutrición y anemia en campamentos de refugiados; mutilaciones y muertes por ataques con drones; miles de desplazados adicionales; pacientes como Brahim (15 años con cáncer) enfrentan obstáculos potencialmente mortales para acceder a tratamiento.
La diferencia entre la vida y la muerte depende de papeles
Brahim, un adolescente con cáncer, enfrenta obstáculos burocráticos para acceder a tratamiento que podría salvarlo.
Mark

¿Por qué la apatridia afecta específicamente a la salud de esta manera? ¿No es principalmente un problema político?

Mimi

Es político, sí, pero la política se convierte en enfermedad. Cuando no controlas tu tierra, no puedes alimentar a tu gente. Cuando no tienes recursos, tu hospital no tiene medicinas. Es muy directo.

Mark

Mencionas que muchos saharauis no se consideran apátridas porque tienen un Gobierno en el exilio. ¿Eso cambia algo en la práctica?

Mimi

No. Un Gobierno en el exilio no puede emitir pasaportes que otros países reconozcan. No puede negociar acuerdos de salud. Para Brahim, la realidad es que no tiene documentación válida, sin importar lo que diga la teoría política.

Mark

¿Cuál es el papel de España en esto? Parece que tienes una responsabilidad particular.

Mimi

España fue la potencia colonial. Se retiró en 1975 sin completar la descolonización. Marruecos invadió inmediatamente. España tiene una deuda histórica y, más importante, tiene poder ahora para facilitar evacuaciones médicas y nacionalidad. Eso puede salvar vidas hoy.

Mark

Los recortes de financiación de Naciones Unidas parecen ser el punto de quiebre reciente.

Mimi

Exactamente. El sistema ya estaba al borde del colapso. Los voluntarios trabajaban sin suministros. Ahora, incluso la educación médica se detiene. Es como cortar el oxígeno a un paciente que ya estaba en cuidados intensivos.

Mark

¿Hay algo que la comunidad internacional pueda hacer más allá de España?

Mimi

El camino largo es defender el derecho saharaui a la autodeterminación, el referéndum que la ONU prometió hace décadas. Pero eso toma años. Mientras tanto, otros países pueden hacer lo que España puede hacer: simplificar visados médicos, reconocer documentación, abrir puertas para evacuaciones. Son medidas pequeñas que pueden salvar vidas mientras se lucha por la solución política real.

  • Marruecos ocupa el Sáhara Occidental desde hace más de 50 años, controlando fosfatos, recursos pesqueros y energía renovable
  • El sistema sanitario saharaui depende de ayuda humanitaria internacional que se reduce a niveles peligrosamente bajos
  • Tasas extremadamente elevadas de malnutrición y anemia en campamentos de refugiados de Argelia
  • Millones de minas terrestres rodean el muro de ocupación más largo del mundo
  • Brahim, 15 años, diagnosticado de cáncer, enfrenta obstáculos de visado para evacuación médica a España

Los saharauis no pueden gestionar sus recursos naturales (fosfatos, pesca, energía), lo que impide sostener sistemas de alimentación, vivienda y salud adecuados. El sistema sanitario saharaui depende de ayuda humanitaria internacional que se reduce peligrosamente, mientras enfermeros trabajan como voluntarios sin suministros esenciales.

La falta de control sobre recursos, la crisis de financiación sanitaria, la ocupación militar y las barreras para evacuaciones médicas generan graves consecuencias de salud en la población saharaui apátrida.

La salud de una población sin Estado no es un problema abstracto. Es una serie de obstáculos concretos que se acumulan hasta hacer la vida insostenible. Para el pueblo saharaui, esos obstáculos toman cuatro formas distintas, cada una de ellas capaz de matar.

Comienza con la tierra. El Sáhara Occidental posee depósitos significativos de fosfatos, recursos pesqueros abundantes y potencial considerable en energía eólica y solar. Ninguno de estos beneficia a quienes viven allí. Durante más de cinco décadas, Marruecos ha ocupado el territorio, extrayendo esa riqueza para sí mismo mientras la población saharaui permanece sin capacidad de gestionar sus propios recursos. Sin control sobre lo que la tierra produce, no hay forma de sostener un sistema alimentario propio, viviendas que protejan del calor extremo, educación o servicios sociales básicos. En los campamentos de refugiados de Argelia, donde muchos saharauis han huido, las tasas de malnutrición y anemia alcanzan niveles extremadamente altos. Las familias viven en estructuras sin aislamiento adecuado, con acceso insuficiente al agua, en un clima donde las temperaturas estivales superan regularmente los 50 grados.

Esta carencia de recursos genera una segunda consecuencia: un sistema sanitario que no puede financiarse a sí mismo. El Gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática no dispone de los medios para pagar a los profesionales de la salud, formar nuevos trabajadores sanitarios o adquirir medicamentos y suministros médicos esenciales. El sistema depende casi completamente de la ayuda humanitaria internacional, que en los últimos meses se ha reducido a niveles peligrosamente bajos. Enfermeros y médicos trabajan como voluntarios en infraestructuras deficientes, improvisando soluciones en circunstancias extremadamente difíciles. A principios de 2026, durante una visita a la Escuela Universitaria de Enfermería de Tifariti, los profesores y estudiantes recibieron la noticia de que la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados dejaría de enviar financiación debido a recortes presupuestarios. Los cursos de verano de español médico fueron cancelados. Campañas de vacunación y prevención sanitaria desaparecieron de la noche a la mañana. El sistema ya era precario; ahora enfrenta carencias graves de medicamentos, pruebas diagnósticas, material educativo e incluso alimentos básicos.

La tercera vía de daño es física y directa. El muro de ocupación más largo del mundo, construido por Marruecos, divide el Sáhara Occidental. Está rodeado de millones de minas terrestres que mutilan a familias y animales. Las familias nómadas saharauis que viven en zonas controladas por el Polisario han sido objeto de ataques con drones cada vez más frecuentes, que provocan mutilaciones, muertes y el desplazamiento de miles de refugiados adicionales. En los territorios ocupados, los saharauis enfrentan discriminación y malos tratos cuando buscan atención médica. La ocupación militar no solo impide que se construyan las condiciones sociales necesarias para la salud; causa daño físico directo.

La cuarta barrera es burocrática pero potencialmente mortal: la evacuación médica. Sin pasaporte reconocido internacionalmente, obtener un visado para un viaje de emergencia puede ser imposible. Para enfermedades graves que superan la capacidad de las clínicas locales, los saharauis necesitan acceso a hospitales en Tinduf o Argel, y si eso no es suficiente, a centros especializados en el extranjero, incluida España. Pero sin documentación válida, esa puerta permanece cerrada. La historia de Brahim ilustra esta trampa perfectamente. Tiene 15 años, vive en los campamentos de refugiados y ha sido diagnosticado de cáncer. El tratamiento que podría salvarlo no existe en los sistemas sanitarios saharaui o argelino. Su única oportunidad está en España. Pero para que Brahim pueda viajar, su madre necesita obtener un visado. Ella no lo consigue. Gracias al programa Vacaciones en Paz, Brahim tiene una familia española que firma documentos para respaldar su estancia y tratamiento, uno de los requisitos complejos para los visados médicos españoles. Su madre no puede acompañarlo ni cuidarlo durante el tratamiento. La diferencia entre la vida y la muerte depende de papeles.

Esta situación no es inevitable. España, la antigua potencia colonial, tiene la capacidad de actuar. En septiembre, el Congreso votará una ley de nacionalidad que restablecería el derecho a la ciudadanía española para quienes nacieron hasta el 29 de septiembre de 1977, la fecha límite después de que España se retiró y Marruecos y Mauritania invadieron el territorio en lugar de completar la descolonización. Los descendientes directos también podrían solicitarla, aunque con plazos más largos. Esta medida no es suficiente para resolver la apatridia saharaui, pero permitiría a personas como Brahim y su madre acceder a la sanidad española mientras continúan luchando por su derecho a la autodeterminación. España también puede reducir los obstáculos administrativos que dificultan las evacuaciones médicas. Estas acciones no resolverán el conflicto de fondo, pero podrían marcar la diferencia entre la vida y la muerte para saharauis gravemente enfermos en los próximos meses.

El sistema sanitario saharaui depende de la ayuda humanitaria internacional, que se está reduciendo hasta niveles peligrosamente bajos
— Análisis de The Lancet
España puede reducir los obstáculos administrativos que dificultan las evacuaciones médicas y que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte para los saharauis gravemente enfermos
— Autores del artículo de The Lancet
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