En el territorio que alguna vez fue la República Democrática Alemana, una transformación política sin precedentes ha convertido a la región en bastión de la extrema derecha en apenas una década. El AfD, partido que surgió como fuerza marginal, ha sabido canalizar las heridas no cerradas de la reunificación —la desindustrialización, el éxodo juvenil, la sensación de abandono institucional— en una identidad política que hoy domina estados como Sajonia, Turingia y Brandeburgo. Este giro no es solo alemán: es un espejo en el que Europa entera se mira con inquietud, preguntándose si el centro puede