En un momento en que la atención pública se fragmenta entre escándalos políticos y debates sobre las redes sociales, una amenaza de mayor calado avanza silenciosamente: la posibilidad de que la inteligencia artificial desplace no solo empleos, sino la propia función cognitiva humana. Pensadores como Harari advierten que nos aproximamos a un umbral irreversible, donde las máquinas tomarán decisiones por nosotros sin conciencia moral ni supervisión humana. La humanidad se enfrenta, quizás por primera vez, a la pregunta de si desea seguir siendo el sujeto de su propia historia.