Durante más de tres décadas, Jonathan Koomey ha seguido la huella energética de la tecnología. Hoy, desde California, ofrece una advertencia que va contra la corriente del pánico dominante: el consumo energético de la inteligencia artificial será menor al proyectado, no por milagros tecnológicos, sino por la lógica inevitable del mercado. Cuando las empresas dejen de regalar capacidad de cómputo a precios artificiales, la demanda se ajustará, y con ella, las proyecciones que hoy alarman al mundo.